Un clásico: Juan J. Linz
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Un clásico: Juan J. Linz

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Un clásico: Juan J. Linz

23/03/2018
Actualización 22/03/2018 - 22:29

Uno. Hijo de padre alemán y madre española, nacido en Alemania, universitario en Madrid, “scholar” en Yale, Juan J. Linz (1926-2013), es sin lugar a dudas una luminaria de la sociología y la politología internacionales.

Dos. No puedo menos que compararlo con sus pares peninsulares: Ramón y Cajal, Marañon y Ortega y Gasset.

Tres. Por lustros busqué en librerías “second hand” de San Antonio, Nueva York, Austin y Los Ángeles, su investigación de 1975, sobre los regímenes totalitarios y autoritarios del planeta. En vano.

Cuatro. Linz sabía de lo que hablaba, en carne propia (a otro perro con ese hueso del investigador, incluido el científico, puro, irreprochablemente objetivo, neutral). Vivió, en Alemania, la República de Weimar y el Nazismo, y en España, la Segunda República, la Guerra Civil y el Franquismo. En 1950, migra a los Estados Unidos.

Cinco. No hace mucho, ramoneando por Miguel Ángel de Quevedo, esa calle a la que el inolvidable Mauricio Achar cambió el uso del suelo, de rúa de escuelas de artes marciales y laboratorios, a librera, me topé con el International Bookstore. ¿Por qué no preguntar, qué tal que sí?

Seis. Y me acarició la Diosa Fortuna. Tomó tiempo, pero al fin tengo sobre mi mesa (de carpintería) el libro Totalitarian an authoritarian regims (Lynne Rienner Publishers). Edición del año 2000, “with a major new introduction”. Linz por Linz.

Siete. Si en los 70’s tenía presentes los fascismos europeos y el singular fascismo ibérico, el 2000 hacía rato que había volado en pedazos el Muro de Berlín y el imperio soviético se desgranaba.

Ocho. Fundamental inquisición la suya no sólo de esas dos formas, totalitarismo y autoritarismo, incluido su mapa mundial. No, no sólo eso. Pesca la del autor en cuya red queda el modo sultanesco de gobernar, la monarquía, el comunismo, el fascismo…

Nueve. La democracia, el postotalitarismo, los procesos tanto de “detotalitarianization”, como de fallida democratización, de policracy, de ethnocracy y de “chaocracy”.

Nueve. Temas, cada uno, de largos análisis en las que entran, como corresponde, no sólo la “ciencia” política, sino asimismo la economía, la sociedad y la cultura.

Diez. Por cierto, ¿ciencia la política? Me temo que sí, y ciencia exacta en tanto descansa en hechos consumados. Lo demás es mera especulación, con su tufillo a cubículo.

Once. Si en 1975 y 2000, México, ese “fluid case”, ya interesaba al gran sociólogo y politólogo, ¿qué pensaría de este 2018? Contienda electoral por la Presidencia de la República entre un candidato de ADN priista, otro pos-neo-panista de mañas priistas, y un tercero con un pie en el PAN y otro en el PRI. Y, a lo mejor, el país ya metido en la “chaocracy”.

Once. Dos partidos históricos en realidad, el PRI nacido PNR en 1929, y el PAN nacido en 1939. Y, en vista del vaciamiento de ideas y programas de ambos partidos, una sola raíz ideológica digna de tal calificativo (como lo fueron, en sus respectivos momentos mexicanos, la Independencia y la Reforma).

Doce. ¿Una sola raíz ideológica? En efecto: la agenda social revolucionaria de 1908 (año de aparición del libro-arma de Madero) a 1940 (término del “revival” revolucionario de mi general Lázaro Cárdenas.

Trece. Respecto a Putin, no estoy del todo seguro qué pensaría. Pero en cuanto al “trumpismo” de Estados Unidos, el país que lo acogiera, “dreamer” español, puedo imaginármelo abriendo tamaños ojos, una mano crispada y la otra arrancándose (de haberlos conservado) los cabellos.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.