San Antonio, Texas
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San Antonio, Texas

08/02/2019

Para Belem y María

Uno. Muro o no muro, entre el Norte de México y el Sur de Estados Unidos, se dilata un tercer país, fronterizo, bilingüe, México-norteamericano. Con varias capitales: del lado de acá, Monterrey de manera señalada; del lado de allá, San Antonio y Los Ángeles.

Dos. Parte de la educación integral mexicana, debería ser la de una excursión (real o virtual, in situ u “on line”), a las ciudades de San Antonio, en Texas, y Los Ángeles, en California. Territorios que fueron de la Nueva España y del México Independiente. Hasta la malhadada guerra de 1847-1848, con un país vecino que ya cobraba vuelo imperial (hoy en versión caricaturesca con D. Trump de César).

Tres. Me detengo en San Antonio, San Antonio de Bexar. Tiempo llevo sin asomarme. Rato largo, mis afanes Ejecutivos y Académicos en la UNAM, me ligaron estrechamente a una ciudad, culturalmente mestiza que, después de darle la espalda a su río, lo restituyó en su paisaje y uso cotidianos. Allá por los 30’s del pasado siglo. Recuperación a tal extremo, que ahora se asocia San Antonio, con su RiverWalk, con su Rivercenter. Venecia texana.

Cuatro. Confío regresar, en breve, en plan exclusivamente flaneur. Como si fuera la vez primera y no una más de innúmeras ocasiones. Acudo, pues, a guías y libros (y, ni modo, cómo escapar, a la memoria). Por ahí andan unas páginas mías, parasociológicas, de cómo San Antonio se convirtió a la Industria sin Chimeneas del turismo, las lunas de miel y las convenciones multitudinarias. Cosa de sacarle jugo, todo el año (o casi) a un clima del tipo del de Cuernavaca, Estado ya Mártir como el vecino de Guerrero.

Cinco. Tres serían los circuitos primordiales. El de la fusión Tex-Mex, el “gringo” y el alemán. Comenzaría el primero con las Misiones, con El Álamo como cabeza, oportunidad de comprobar si el paseo misional puede hacerse por una extensión del río (me alojaría en los hoteles Crocket o Menger, históricos, o en el San Antonio, no menos), y comprendería La Villita y la biblioteca diseño de Ricardo Legorreta, bautizada “la Enchilada” por su rojo luminoso.

Seis. Y no podría faltar la atención al apetito histórico. La familia Lozano fundando aquí el periódico La Prensa (y en Los Ángeles La Opinión). El refugio de José Vasconcelos. La última parada de mi general Bernardo Reyes, camino al desastre (padre de Alfonso, el prodigioso escritor hoy puesto del asco, con la divulgación de su anodina Cartilla Moral, como si no sobraran joyitas suyas que escoger). Los méxico-tejanos que en los 40’s del siglo veinte, invitaron a profesores mexicanos para impartir cursos de verano, semilla de lo que será la internacionalización de la UNAM.

Siete. El circuito “gringo” evocaría los 20’s (el Mac Ney Museum) y los 30’s (Joske’s, el Tower LifeBuilding, el Emily Morgan Hotel). Y, por supuesto, la San Antonio World’sFair de 1968, explosión urbana de la ciudad y mayoría de edad del río. La Torre giratoria,el Instituto de Culturas Tejanas,el Hilton Palacio del Río,Hemisphere Park. Etcétera, etcétera, etcétera. Sin perderse, en el río, el ArensonRiverTheatre ni, en tierra firme, la antigua cervecería LoneStarconvertida en MuseumofArt (mudanza que se conoce como re-arquitectura).En el Art Museum vi la más completa exposición sobre William Spratling y sus discípulos taxqueños.

Ocho. El circuito alemán se concentraría, aunque sin agotarse, en el romántico distrito King Williams. Potestativos: los circuitos: universitario (Trinity, IncarnateWorld), militar (Fort Sam Houston, Base Aérea con su Taj Mahal), y de “shopping” (Rivercenter, La Cantera, y, a la mejor, extensión a la mismísima San Marcos, ciudad Centro Comercial, a medio camino entre San Antonio y Austin).

Nueve. Doy su sitio a la memoria. El hercúleo traslado, sobre plataforma y ruedas, del Hotel Fairmount, a su actual domicilio frente al Hemisphere Park. Las tertulias con amigos y colaboradores en su acogedor bar. La amistad política con el Alcalde Henry Cisneros, oportunidad dorada de conocer la técnica de la planeación urbana y fluvial.Caminatas nocturnas por el RiverWalk. El hallazgo de Darkness visible, el tratado vivo de William Styron sobre la depresión (que lo mataría) en una librería favorita del Rivercenter. Algún amor que nace y se pudre.

Diez. De especial consideración, los nexos de la historiadora Guadalupe Curiel Defossé,mi hermana irreparablemente fallecida, por la historia texana (circula ya su libro Fray Augusto Morfi. Franciscano, viajero e historiador, bajo el sello de la UNAM).

Once. Esto sólo para comenzar.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.