"Prepa", "Uni"
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"Prepa", "Uni"

23/02/2018
Actualización 23/02/2018 - 1:04

Uno. Escuela Nacional Preparatoria y Universidad Nacional de México, señeras piezas claves de la educación pública, laica. En el contexto de la Restauración de la República, la primera; en el de la modernización toda del país que dicho restablecimiento desata, y que anima por igual a Juárez, a Lerdo de Tejada, a Porfirio Díaz y a los gobiernos revolucionarios.

Dos. Quien educa, transmite al mismo tiempo que los saberes, opiniones, el lenguaje y los sentimientos. La cuestión es qué tan monopólica o qué tan pluralmente.

Tres. Que en México los medios de masas, radio y televisión privadas, impongan juicios, el idioma y los sentimientos, es asunto que no cogemos por los cuernos. Razón comercial. Calidad un poco por encima de la basura electrónica. Baja comicidad.

Cuatro. Los proyectos, dilatados, utópicos, de la educación superior pública, Preparatoria y Universidad, se mueven en otro ámbito, La Escuela Nacional Preparatoria surge, positivista, sustentada en la observación y la experimentación, para oponerse a la educación confesional. La Universidad, para nacionalizar la ciencia, mexicanizar el saber. Desde luego en cotejo con el conocimiento de carácter universal.

Cinco. Gabino Barreda, convencido, para el momento, los sesentas del siglo XIX, de la oscuridad monárquica de Europa, y la luminosidad republicana de América, aspiraba a la formulación de una serie de conocimientos, los mismos para el conjunto del país. A Sierra, el apremio del estudio de México, su suelo, su cielo, su historia ancestral y plural, sus lenguas, su sociedad mestiza y criolla.

Seis. La UNM, su apertura, que no reconoció pasado (entepasado, sí), se alza número estelar de las Fiestas del Centenario de 1910, institución pública y laica insisto. No importa qué tan utópica (para darle vida se fusionan, ya existentes, la ENP y las Escuelas Profesionales, y se agrega, coronamiento, la Escuela Nacional de Altos Estudios). Tampoco importa que la ENAE, al nacer, careciera de local, de presupuesto, de profesores, de alumnos.

Siete. Y no importa, porque en una nación de contradicciones ya insostenibles, al filo del agua, se apostaba por la responsabilidad estatal de la educación. El Nuevo Estado Revolucionario se fraguaba no sólo para atender cuestiones electorales.

Ocho. Juarista una, porfiriana en su origen la otra, ambas instituciones, la “Prepa” y la “Uni”, encuentran su lugar en una Revolución que, aunque remolonamente, se admite ya que no fue una sino varias revoluciones.

Nueve. Varias revoluciones mexicanas, en efecto. Por lo menos, política, agraria, obrera y cultural. La última la de mayor hondura y duración.

Diez. Revolución cultural: el espacio lo mismo del Ateneo de la México (antes Ateneo de la Juventud), de la UNM, de la Universidad Popular Mexicana, del nacionalismo cultural y artístico que pasando por el vasconcelismo de los 20’s, las creaciones cardenistas del IPN y del INHA, el Instituto Nacional de Bellas Artes, la inauguración de Ciudad Universitaria (su paisaje ahora amenazado por el delirio inmobiliario Be Grand), y la Comisión Nacional de los Libros de Texto Gratuitos; rematará en los 60’s, con los torresbodetianos Unidad Artística y Cultural del Bosque, el Museo Nacional de Antropología e Historia y el Museo de Arte Moderno.

Once. ¿Pero cuáles han sido las relaciones entre el Estado y la UNAM, durante la Revolución y la Post Revolución?

Doce. Tema de la próxima entrega, con particular atención a las leyes de 1910, 1914, 1929, 1933 y 1945.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.