Por debajo y por encima de los debates
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Por debajo y por encima de los debates

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Por debajo y por encima de los debates

30/04/2018

Uno. Sí, en efecto, gusto del oficio político como medio para consumar fines, que en mi caso han sido culturales y académicos. De su ejercicio, durante lustros, derivo conocimientos que tengo entre prácticos y teóricos.

Dos. Pongo, en primerísimo término, la dialéctica operación diagnóstico-pronóstico. Estado de arte y prospectiva de una cuestión pública (operación, por cierto, no del todo diversa a la que demanda la investigación, la humanista y la científica).

Tres. Veamos el “Mexican moment”.

Cuatro. Si el diferido diagnóstico de la nación mexicana excede, de tiempo atrás, digamos del proditorio asesinato de Donaldo Colosio en adelante, el aspecto ideológico-electoral (perdón, ¿cuál ideología hoy?), 2018 nos indica tajante (cual GPS) que el mar de fondo no se localiza en la feroz disputa de miles de cargos de elección popular.

Cinco. Digámoslo, repitámoslo, el mar de fondo patrio es la espiral de decadencia por la que nos deslizamos, sin red de protección ni prospectiva acorde al diagnóstico (inexistente).

Seis. Decadencia del Estado (¿o debo decir gobierno?) fallido, su jurisdicción amenazada seriamente por una de las verdaderas mafias del poder, la delincuencia organizada (al menos de superior organización que las fuerzas del orden público).

Siete. Decadencia de la sociedad sin distinción de clases. Asignatura pendiente de nuestras sociología y sicología.

Ocho. ¿Y los partidos políticos, mudados partidocracia, sobrados de “prerrogativas” y, a lo mejor, en tanto organismos con fines ilícitos particulares pese a presumirse “de interés público”, instaurando cárteles de nuevo cuño?

Nueve. Me limito a los cuatro posibles.

Diez. Un PRI, el de mayor antigüedad si nos remontamos al PNR (1929), a la cabeza de la desinstauración (recuérdese al trío De la Madrid-Salinas- Zedillo) de la revolución, su honda raíz.

Once. Un PAN (1939), lo que queda (poco), en el origen verdadera oposición ideológica a la revolución hecha gobierno (sin éxito en 1911, exitosamente a partir de 1917), de súbito “perredizado”.

Doce. Un PRD, penúltimo de los “grandes”, entregado al PAN (sus saldos).

Trece. Un Morena, el último de los cuatro, imposibilitado de borrar sus huellas: el PRI, el PRD.

Catorce. ¿Qué ofrecieron los suspirantes durante el primero de los tres debates programados (a regañadientes de “Ya sabes quién”) por el INE (en pleitazo con el TRIFE)?

Quince. Fintas, pleitos callejeros, bravuconadas, baja comicidad, reiteraciones manidas, alguno menos peor que el otro, ningún sentido de Estado (estadista), y claro la promesa de la nueva Jauja, el Estado Cornucopia Clientelar (ECC). Propaganda, propaganda rudimentaria.

Dieciséis. Nada (nada inteligente) sobre las poblaciones originarias, indígenas.

Dieciséis. Esto al tiempo que se reconoce, ni modo de tapar el sol (que anda bravo) con un dedo, la improductividad (industrial, legislativa, moral), y el ascenso imbatible de las gemelas corrupción e impunidad, y de la desigualdad.

Diecisiete. Mientras tanto, el Ejecutivo Federal hace turismo oficial exprés en Europa, VIP y all included (pero augura que gane quien gane, todo seguirá igual).

Dieciocho. Y, días después del debate, sale a la luz la tortura, asesinato, “pozoleada” de los jóvenes estudiantes de Jalisco. La contra-historia del director de 'La forma del agua'.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.