Monólogo a dúo
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Monólogo a dúo

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Monólogo a dúo

28/05/2020

Uno. En 2017, en la UNAM, un cuarteto de colegas amigos, veteranos en las lides académico-administrativas (aguas turbulentas, contra lo que se cree), elaboramos y difundimos, por medios escritos y electrónicos, el documento en defensa, elogio e impulso de las Humanidades, empujados por circunstancias varias, todas ominosas al cultivo del saber humanista.

Dos. Al interior de la propia institución, su falta de combatividad y protagonismo, merced a una práctica, no dudábamos que, en muchos aspectos valiosa, pero predominantemente trillada, acrítica, complaciente.

Tres. En tanto que extramuros, en el CONACYT, se consolidaba la imposición del canon científico con frutos negativos para las humanidades y las ciencias sociales, que tenía su origen en la aceptación de que el nuevo organismo excluyera en su rótulo a un conjunto de disciplinas, las de viejo cuño y las posteriores, a las que la cultura mexicana debía idiosincrasia y resonancia, e inclusive premios como el Príncipe de Asturias otorgado a la UNAM (correspondiente al rubro Humanidades y Comunicación).

Cuatro. No es excusa, pero la creación, en 1970, de un Consejo Nacional para las Ciencias y la Tecnología, obedecía a una idea por todos aceptada, que con los años se exhibiría añagaza: la de que bastaba fundir la ciencia básica, la ciencia aplicada y la tecnología, para lograr el desarrollo nacional. Ilusión en la que incurrió no sólo México sino incluso países del primer mundo.

Cinco. En la praxis del organismo, no obstante constituir el humanista y el científico, conocimientos pares más diferentes, al primero (en un mal momento, del que todavía no sale), se le arrinconó, desvalorizó, y sobre sus propios sistemas de producción, difusión y aquilatamiento, se impusieron los propios de la ciencia; auxiliados por sus formas de reproducción política, y gestión, ausentes en las Humanidades, y que podrían sintetizarse en formación de cuadros, liderazgo, linaje, espíritu de cuerpo.

Seis. De otra parte, nuestro Manifiesto irrumpió en el contexto de un cambio de dirección y orientación de la instancia estatal promotora de la investigación, y, en el nuevo régimen, de un cambio radical de paradigma: el Bienestar y la Felicidad en vez del simple Desarrollo, lo que condicionaba a las humanidades y a la ciencia, con un ingrediente de compromiso social.

Ocho. Debo decirlo, connatural al quehacer humanista, e impuesto al científico. No es de extrañar, bajo esta perspectiva, el divorcio entablado entre el nuevo CONACYT y la comunidad científica, tenida por preferida, dominante.

Nueve. Viene a cuento todo lo anterior, por la oportunidad que noches atrás tuve, al calor del insomnio que está aparejando en algunos el dilatado confinamiento, del que conocemos su “modito” pero no su irrestricto término, de atestiguar, en TVUNAM, la enésima entrevista del conductor del programa “Diálogos por la democracia” a la directora del CONACYT. Entendimiento inocultable, hasta el extremo de imaginar, la representación, a dos voces, de un mismo libreto.

Diez. Confieso haber esperado la arremetida contra la “ciencia neoliberal”, puesta de moda al tiempo que se suplió el concepto tecnocrático Desarrollo por el social de Bienestar y Felicidad; conceptos todos de no fácil digestión para el físico, el astrónomo, el matemático, etcétera, convencidos de la índole universal (podría decir apátrida) de sus disciplinas. Igualmente, esperé, en vano, se adoptara una posición frente a la insistencia del partido MORENA, de desaparecer fideicomisos, entre ellos algunos del CONACYT.

Once. Ante la falta de estos puntos en la entrevista, charla más bien de correligionarios, me vinieron a las mientes, sendos fracasos de una y otro. Los traigo a cuento.

Doce. En el caso del CONACYT, el fallido intento de encabezar una campaña altruista, a costa de los investigadores adscritos al SIN y en beneficio del sector salud; campaña ésta, tan inconsulta como inoportuna, que hubo que cancelarla, aduciéndose que no había sido consultada al Presidente de la República, justificante un tanto burdo, y dejando a la iniciativa de los convocados, el donar o no donar, y por su cuenta. Pifia.

Trece. En cuanto al conductor del programa televisivo, fácil se le hizo convocar un encuentro universitario sobre, justamente, la “ciencia neoliberal”, pero de tal suerte propagandístico, que obligó asimismo a su cancelación por parte de la UNAM. Pifia también.

Catorce. En fin, torno a la entrevista, a modo. Claro me quedó que la nueva ley del CONACYT, en proceso, incluirá a las Humanidades en su nombre, aunque en blanco queda el aspecto del contenido, su estatuto esperamos que diferenciado del de la ciencia, sus condiciones de posibilidad.

Quince. Como claro me quedó que, entre los ejes normativos del nuevo precepto legal, está la equiparación de la ciencia tradicional y comunitaria con la moderna y contemporánea; cuestión, anticipo, con diversa respuesta entre humanistas y científicos (las Humanidades, anclado ya uno de sus pies, en la historia y la antropología).

Dieciséis. Lo más seguro es que divulgada la ley, y conocido el trato al conocimiento humanista, los autores del primer Manifiesto daremos luz a uno segundo, decepcionado o, por el contrario, exultante.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.