México y España, España y México
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México y España, España y México

02/02/2018
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México España
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Uno. Sí, en efecto, indudablemente, un País es una “comunidad imaginaria”. Pacto histórico que suscriben la voluntad y el deseo. Diversidad en la unidad.

Dos. En jira de trabajo, arribé a Yugoeslavia horas después del fallecimiento del Mariscal Tito. Largo recorrido de punta a punta. Y no fue sólo la experiencia turística de una nación variopinta y formidable, de las entrañas burocráticas de la Cortina de Hierro y de Ragusa (gemela de Venecia), sino de un terrible pronóstico.

Tres. ¿Qué pronóstico, escuchado off the record, aquí y allá? Que desaparecido Tito, capaz de marcar distancia con Stalin, desaparecería también, tarde o temprano, su obra unificadora. A Yugoeslavia se la llevaría el Diablo. Así fue.

Cuatro. La disolución de Yugoeslavia (luego vendría Checoeslovaquia, también recorrida en aquella jira), entre escenas de guerra zafia, limpieza étnica, nacionalismos espurios y narcisistas, me vino a
las mientes desde el primer acto de la comedia de equivocaciones catalana.

Cinco. Fruto, a partes iguales del perverso cálculo político (exacerba el nacionalismo ramplón, que algo queda) y de la inepcia. Puigdemont huye a Bruselas y la hace de conferencista en una Europa
atolondrada. Mariano Rajoy, que se tardó una eternidad en formar gobierno nacional, yerra en la fecha y condiciones de una vuelta a las urnas. Y así siguen, personajes de un esperpento.

Seis. Y por ahí andamos en México, otrora posesión de ultramar del Reino Español. Con un gasto público electoral que algún día nos avergonzará, y sin real oferta democrática, corremos a las
elecciones de julio.

Siete. ¿Oferta un candidato apartidista y tecnócrata (ya los tuvimos a porrillo), un azul logrero con chaleco amarillo, un profesional de franquicias partidarias “independientes”, que no lo son ni por
pienso?

Ocho. Pero, en perspectiva, todo esto quedará atrás, y somos un país ducho en resistir (resiliencia, dicen los comentaristas y las comentaristas (ojo con la equidad de género) Fen Shu).

Nueve. Vayamos al fondo. Dados los desastres políticos semejantes, ¿no suena la por décadas diferida hora de un universitario Semanario de Estudios México-españoles, del México y la España modernos y contemporáneos?

Diez. Comparativismo puro.

Once. El Modernismo en literatura, en ambas orillas atlánticas. Revolución Mexicana y Segunda República Española. Los exilios, el mexicano en España (Reyes, Guzmán, Vasconcelos de pisa y
corre), y el español republicano en México.

Doce. El cotejo generacional. De acá, Modernistas, Ateneístas, Vanguardias (Contemporáneos y Estridentistas). De allá, los del 98, los de 1914, los del 27. Y más entrado el siglo, la cultura española de los 50’s y 60’s, y la mexicana de las mismas décadas. Literatura, teatro, cine, pintura, música, pensamiento crítico. Revistas (Ruedo Ibérico, Revista Mexicana de Literatura).

Trece. Y de manera señalada, la imitación sin más, por la LOPPE de 1977, de la transición pos-franquista, ejemplar (y mire el lector de El Financiero en lo que acabó).

Catorce. La LOPPE, matriz de la mexicanísima Reforma Política Electoral, esa monumental pifia, generadora de un nuevo tipo de cártel, el de la Cosa Pública, que desencanta hasta a sus propios
“intelectuales orgánicos”. La de réquiems que nos asestan a toda hora.

Quince. Seminario, el aquí propuesto, lugar de cita de disciplinas humanistas (la Ciencia al paso de las Humanidades), observatorio de tiempo completo, banco de datos de todo orden plenamente al día.

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Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.