“Melée” en la cancha de la historia
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“Melée” en la cancha de la historia

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“Melée” en la cancha de la historia

01/10/2019

Uno. En mi quehacer académico, en la UNAM (Coordinación de Humanidades), adscrito estoy de fijo a dos seminarios; el de Edición Crítica de Textos, en el Instituto de Investigaciones Filológicas, y el de Investigación sobre Historia y Memoria Nacionales, multidisciplinario, con sede en el Instituto de Investigaciones Históricas. Me detengo en este último, no sin recordar que “melée” es un término deportivo que procede del “rugby” y del cual se apropiara, tiempo ha, el futbol argentino. Expresión de una terrible mescolanza de atacantes y defensores en el área chica, en los umbrales de la “portería”. Codazos, apretujones, juego rudo, confusión.

Dos. Entre otras líneas de trabajo, el Seminario de Historia y Memoria Nacionales, ya de larga data, se ha centrado en las Fiestas Patrias, con atención especial a las de 1910 y 1921, y asomos a las de 1975 y 2010. Fruto de lo anterior, hemos desarrollado una precisión y recuento de los componentes básicos de tales fastos, fastos del poder en turno en primera instancia. Apareciendo como principal, junto a la organización, la programación, la obra pública y el registro, el de la política de la memoria. Metodología que podría trasladarse al de específicos periodos presidenciales. No todos, por supuesto.

Tres. Regímenes hay a los que la historia en general, y la Patria en particular, les tiene sin cuidado, ocupados como están en el día a día de la política, del presente; y regímenes hay obsesionados por el pasado en grado extremo. Tal es el caso del actual, al grado de auto calificarse Cuarta Transformación, en seguimiento de la primera (Independencia), de la segunda (Reforma) y de la tercera (Revolución); e instalar una Coordinación ad hoc. Lo que sobresale, es la deliberada omisión (renuencia) del factor clave de Independencia, Reforma y Revolución: la violencia social, armada.

Cuatro. Interpretaciones históricas saltan a toda hora, aquí, allá y acullá. Sin límite de tiempo (tiempos). Lo mismo de la Conquista Española (ignoro en qué punto se hallan las peticiones de perdón) que del 68 (el político, que lo hubo también, en el origen, el palmariamente existencial: revolucionar la Vida, “contestar” todo Poder que la aherrojara). Sobre el 68 político intentos ha habido, de retrogradar el triunfo electoral de Morena al 2 de octubre, en Tlatelolco. Versión que, como era de esperarse, no prosperó, no más allá del “relumbrón”.

Cinco. A lo que voy. Cuenta el gobierno federal con un Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México, que naciera allá en los 50 del pasado siglo, referido, en exclusiva, al movimiento de 1910, no lejana la celebración de su cincuentenario. Editor de una importante colección testimonial y documental, el INEHRM se vio más adelante atrapado por la ¿buena nueva? del triunfo presidencial del PAN (fiasco, en perspectiva, semejante al de un PRI, dueño del cotarro, partido de Estado, Politburó me atrevería a decir, que en 1965 se negó a transformarse, y aparejó que de su Corriente Crítica naciera el PRD y del PRD, Morena; partido que arrasará a PRI, PAN y PRD). Se pretendía, a todas luces, que en las revoluciones de México se incluyera la “democrática” panista. Desacierto, en la teoría y en la praxis; también relumbrón.

Seis. Pues bien: del seno mismo del INEHRM, acaba de surgir un twiter (en dos versiones), signado por su director, el historiador universitario Pedro Salmerón, que torna aún más acre y confusa la “melée” historiológica de todos estos santos días. Reza, la versión primera, que el intento de secuestro del empresario regio Eugenio Garza Sada, que derivó en su asesinato y la muerte de dos de los escoltas y dos de los guerrilleros (¿o no era, conceptualmente, guerrilla, la Liga Comunista 23 de septiembre?), fue obra de “un comando de valientes jóvenes”, y resultado de la división de la sociedad mexicana de los 70’s. Twiter que ameritó uno más, del que desapareció el término “valientes”, pero que no obstante fue desautorizado por la Secretaría de Cultura (a la que pertenece el INEHRM) y levantó una polvareda equivalente a la de una melée en cancha llanera, sin pasto.

Siete. Episodio, sin duda, entre los más oscuros de la escena política post 68 (yo mismo lo recree en mi novela Manuscrito hallado en un portafolios), no puede, a fe mía, su trato, banalizarse al calificativo de “twiter ceceachero”, o de irresponsable apología del delito, sino que amerita la mayor atención histórica (investigación y probanza documental), para entrar de lleno a la elucidación de la Guerra Sucia (que tendrá su expresión en la Cultura, Guerra Sucia Cultural de facciones), del programado uso del rumor y su consiguiente clima social de terror, y de figuras como la del entonces presidente Luis Echeverría.

Ocho. Aún me causa asombro que el cine documental, o una de esas series tan en boga, no haya reconstruido las exequias del empresario asesinado. Un Monterrey en vilo, tenso, dividido. Un presidente que impone su presencia donde no es bienvenido. Algo semejante, toda proporción guardada, a su no menos impuesta presencia en Ciudad Universitaria. Imagen de lo que será su régimen. La de un automóvil de la Fórmula I, de complejo instrumental, en manos tan torpes como desquiciadas.

Nueve. No sin contradicciones (¿sí?, ¿no?) la renuncia de Salmerón al INEHRM es finalmente aceptada.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.