La UNAM a examen
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La UNAM a examen

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La UNAM a examen

17/12/2019

Uno. Después de la publicación colectiva del documento “Las Humanidades. Reconocimiento, encomio y defensa” (13/VIII/2018); derivado del intento, aún pendiente más allá de la propaganda, de la inclusión del saber humanista en el “nuevo” CONACYT; rato llevo conversando con amigos colegas, de mi veteranía, y amigos en agraz, mis alumnos, sobre la UNAM del momento. Algunos temas cobran especial relevancia. Comparto mis apuntes.

Dos. Se impone, en primera instancia, su tamaño; suma de diversas dimensiones: metropolitana, nacional e incluso internacional; modo afortunado de asumir, reforzar, su condición de origen: republicana. Condición mantenida lo mismo durante su breve lapso porfiriano, que, durante las fases revolucionaria, post revolucionaria y de des instauración (así la califico) de la Revolución Mexicana; y no obstante el desarrollo de universidades estatales, privadas sin fines de lucro o claramente comerciales.

Tres. Si a “marcas” vamos, la de la UNAM, no sólo subsiste, sino que gana en el elemento de superación personal y de clase de la sociedad mexicana. Esto sin desdoro del reconocimiento y la colaboración decidida con otros organismos, capitalinos, de los Estados y del exterior (lo que explica su papel en la ANUIES y en la UDUAL).

Cuatro. Aunque saltan puntos inquietantes. En primer término, el de la articulación plena de las tres dimensiones aludidas, al interior y entre sí. Los bachilleratos y las licenciaturas; las licenciaturas y los posgrados; la educación presencial y la educación “en línea”; las cadenas de transmisión entre la docencia, la investigación y la difusión.

Cinco. Terreno, el de la expansión de la UNAM, en el que los avances indudables, sufren el freno de los obstáculos. El tamaño, fruto de impulsos previos, se ofrece paradójicamente insatisfactorio, en particular si se consideran las cuotas de admisión de alumnos. Aspecto por demás problemático.

Seis. Otra cuestión, ya adelantada, tomando en cuenta que docencia, investigación y difusión conforman una indivisible unidad (y que según sostenemos algunos debería continuarse en las tareas administrativas, ejecutivas y de representación), es la de (lo dije ya) las correas de transmisión entre las tres funciones.

Siete. Mientras los afanes docentes reclaman y admiten la formulación colegiada de planes y programas; en la investigación priman los proyectos individuales (o colectivos pero ajenos a directrices); en tanto que no se hace el distingo obligado entre dos aspectos: el intramuros (difusión) y el extramuros (extensión). En lo personal, considero que a la planeación de la investigación le es connatural tanto la libertad de expresión de la docencia, como la instancia colegiada (clave de la autonomía), al tenor del propósito institucional de atender “las condiciones y problemas nacionales”.

Ocho. Y ya me permití sugerir, que, a estas alturas históricas de su proceso (procesos), quizá cabría la inclusión de la propia UNAM, en el repertorio apremiante de tales condiciones y problemas nacionales. Pero me detengo en la “tercera función”.

Nueve. Si el punto ideal es el equilibrio, conceptual y operativo, entre difusión y extensión (y que ha llevado al reconocimiento de la especificidad de las divulgaciones cultural, científica y humanista); sobre la difusión, junto a la obligada educación estética del universitario, amenaza el asistencialismo complaciente, acrítico y gratuito; en tanto que la extensión enfrenta la voracidad impune, y frente a la que el Estado carece de contraofensivas, de los “mass media” mercantilistas, nuestra verdadera Industria de la Conciencia.

Diez. Otro asunto que encuentro en mis apuntes, es el no pocas veces intentado, pero en resumen diferido, diálogo entre las humanidades y las ciencias. Conocimientos pares pero distintos en sus métodos, mecanismos de producción y formas de evaluación. Sabido se tiene que, no sin tolerancia humanista, la creación del CONACYT respondió a un supuesto. El de que la simple amalgama de ciencia aplicada, tecnología y desarrollo aparejaría el salto hacia adelante del bienestar. Supuesto que derivó en espejismo.

Once. Como está a la luz la quiebra del pacto comunidad científica natural y exacta-CONCAYT, por tanto tiempo, uno de los bastiones de aquella, hasta el extremo de imponer, con indudables distorsiones, a la investigación en humanidades (incluidas las ciencias sociales), el canon científico. Llegada es la hora, pensamos algunos, de replantear, bajo el reconocimiento de constituir conocimientos diversos, la pareja “conversación” (como gusta decirse ahora), entre las humanidades clásicas (a partir del núcleo duro formado por la literatura, la filosofía y la historia), los saberes sociales y el cultivo de las ciencias naturales y exactas.

Doce. Es de tal envergadura la crisis de la sociedad y la cultura, de la identidad de las humanidades, del sentido de la ciencia, que se exige un replanteamiento raigal. Aspecto en el que la historia misma de la Universidad Nacional (autónoma a partir de 1929), tiene la facultad y obligación de aducir su propia historia. Episodios fundacionales como el de la Escuela Nacional de Altos Estudios, y el de la Ley Orgánica de 1945, a modo de ejemplo. Doble tarea de autognosis y autocrítica.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.