La noche nazi de Iguala
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La noche nazi de Iguala

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La noche nazi de Iguala

09/07/2020

Para Miguel y Alejandro

García Maldonado

Uno. Me encontraba en mi casa (Casa Jacaranda) de Taxco, Guerrero, la noche del 26 de septiembre de 2014. Me asombraron, al día siguiente, en el desayuno con amigos, y en las tertulias y encuentros en la calle, subsecuentes, el claro conocimiento colectivo de lo ocurrido en Iguala la víspera, de sus antecedentes y detalles, de sus personajes principales. Por la que llamo Puerta del Sur, a la altura del Cerro de Bermeja, y pasando Taxco el Viejo, Iguala se encuentra por demás próxima al antiguo Real de Minas, cuyo joyel aflora en la superficie: Santa Prisca. La conexión, el intercambio entre ambas poblaciones es cotidiano.

Dos. Lo cuento, a modo de relación de preguntas, en uno de los anexos de mi libro autobiográfico, edición de autor en la colección Dares y Tomares, Diario taxqueño. Cuestionario que, en esencia, ha desempolvado involuntariamente el Fiscal General de la República, al anunciar la milésima investigación sobre lo que en realidad sucedió entre la noche de aquel 26 y la madrugada del 27.

Tres. Verdad manoseada. Lo que debió ser la investigación profesional de un crimen feroz, se convirtió en subterfugio de autoridades y botín político. Y oportunidad perdida para un presidente Peña Nieto, con la popularidad en descenso, de regreso de uno de esos viajes fastuosos, con los retoños de las dos familias en la comitiva, que beneficiaron a México maldita la cosa. Palmadas de tierra y especulación calculada sobre un Treblinka criollo. Resumo las interrogantes.

Cuatro. ¿De todo orden son las responsabilidades consecuentes: gubernamentales, judiciales, partidarias, políticas, militares? ¿Las gubernamentales, comprenden los tres niveles, el federal, el local y el municipal?

Cinco. Invierto el orden. ¿La responsabilidad municipal, tanto por la disposición criminal de reprimir a los normalistas, como por la penetración del cártel de los Guerreros Unidos, enemigo a muerte del de Los Rojos, en la alcaldía y en la policía? ¿La responsabilidad local, por hacerse de la vista gorda ante la situación, francamente delictiva, de las autoridades igualtecas? ¿La responsabilidad, a nivel federal, por el traro consentido al entonces gobernador, priista travestido perredista, y después de los hechos por animarlo a seguir en el cargo y, a la postre, ampararlo?

Seis. ¿La responsabilidad judicial, por no constreñirse a una investigación minuciosa (participantes, encontronazos, balaceras, desenlace), en vez de jugar al juego (que eso resultó) de la Comisión Iberoamericana de Derechos Humanos, con los gastos del caso, el avispero desatado en los “medios” y la deriva a un drama entre Comedia de Equivocaciones y Teatro Pánico?

Siete. ¿La responsabilidad partidaria, la del PRD en particular, por no esclarecer el nombre y ambiciones del “padrino” que alzó al presidente municipal Abarca de la nada, lo enriqueció, “empoderó” (como dicen los feministas cursis) a su esposa, ella misma ornada con distinguidos antecedentes familiares narcos, y, el colmo, auxilió a la fuga a la Ciudad de México de la pareja siniestra?

Ocho. ¿La responsabilidad política, por haberse otorgado amnistía, perdón, impunidad al gobernador? ¿La responsabilidad militar, por la extraña pasividad del Ejército durante los acontecimientos, que tomaron horas de persecuciones, disparos en la vía pública, muerte de inocentes, pese a que el cuartel de Iguala contaba con 800 elementos entre tropa y mandos?

Nueve. Decía que, a varios años de lo ocurrido, quedaban, cual picadura de alacrán güero de Guerrero, preguntas lacerantes. ¿Había “monitoreado” la Policía Federal los movimientos de los normalistas, antes y durante, el traslado a Iguala? ¿Quién organizaba, en la Normal de Ayotzinapa, los operativos de los estudiantes, trabajo de campo con aroma más de insurrección que de estudios?

Diez. ¿Iban infiltrados en el contingente estudiantil, sicarios de Los Rojos, infiltración que alarmaría a sus rivales en la disputa por la plaza? ¿Por qué se negaba la PGR a seguir este cabo suelto? ¿Y el de si hubo un quinto autobús, blindado, tomado en mala hora por los normalistas, correo de la droga entre Iguala y Chicago tras la frontera Norte?

Once. ¿Dónde, y cómo, por obra de quién o quiénes, dicho esto con pruebas irrefutables (irrefutable “verdad histórica”) desaparecieron 43 jóvenes con claras señas de identidad, padres, hermanos, novias, parientes, vecinos? Y así de esta guisa.

Doce. El anuncio de la reposición del caso, no deja de despertar suspicacias. Por ejemplo, la de atender uno de los compromisos de campaña, justo antes del informe presidencial de los dos primeros años de una administración que se exhibe única, incomparable, panacea de las contradicciones y rezagos que nos definen, histórica. ¿A la postre, otra vez, agua de borrajas? Lo único incuestionable de la desaparición de los estudiantes, es que al ya ex gobernador, la protesta pública le paró los tacos cuando quiso volver a las andadas.

Trece. De última hora. Se anuncia, oficialmente, que la Universidad de Innsbruck de Austria, identificó los restos de Christian Alfonso Rodríguez Telumbre, en la lista de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa; restos encontrados lejos del basurero de Cocula y del Río San Juan. Lugar, en perspectiva macabra, llamado Barranca de la Carnicería.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.