Filología puma
menu-trigger
ESCRIBE LA BÚSQUEDA Y PRESIONA ENTER

Filología puma

COMPARTIR

···
menu-trigger

Filología puma

24/01/2020

Uno. Momento de definiciones el de la UNAM. Al conflicto de predominante marca feminista, que mantiene cerradas a una de sus Facultades axiales, a preparatorias y a CECEACHES, se agrega la puesta en marcha de un sistema de educación superior (el Benito Juárez), impulsado por el actual Ejecutivo federal, y la inminencia de una nueva ley educativa que imponga la gratuidad (y de paso descalifique el examen de admisión). Mientras tanto, iniciado el año institucional 2020, continúan los procesos de elecciones y designaciones en sus diversos planos. Me demoro en el de la investigación.

Dos. Con mínimos lapsos de diferencia, se decidirá la titularidad de los Institutos de Investigaciones Bibliográficas (un tiempo al cuidado de mi desaparecida hermana, la historiadora, y emprendedora ejecutiva, Guadalupe), y de Investigaciones Filológicas, al que estoy adscrito y me cumpliera encabezar entre 1993 y 2001. Con un lapso mayor, tocará su turno al de Investigaciones Filosóficas.

Tres. La norma universitaria aplicable es precisa. La comunidad respectiva, se expresa sobre ciertos postulantes (sus proyectos de trabajo); tras entrevistas personales y otras fuentes de referencias, el rector presenta una terna de candidatos (de ahí nuestra afirmación de que el rector nunca pierde: los tres suspirantes son suyos), respecto a la que, cumplido un periodo de auscultación, se pronuncia la Junta de Gobierno designando al titular.

Cuatro. Una modalidad ha consistido en el conocimiento directo de las ideas en juego, seguida de una votación, entre algunas comunidades; lo que amplía el número de tres a quintetas (si bien tercias es lo que llega a la deliberación de la Junta). En días pasados, la comunidad filológica conoció posiciones y expresó sus preferencias. No es este, aclaro, un pronunciamiento por tal o cual candidatura, para dirigir uno de los institutos más grandes del área de Humanidades y que este año cumplirá 47 de haberse fundado.

Cinco. Juzgo que el haberlo dirigido, me obliga a una sostenida imparcialidad. Solamente que, el escribir de manera constante sobre el Alma Mater (hazaña de la libertad, la llamo), sus figuras fundacionales, el pacto Justo Sierra-Ateneo de la Juventud, la autoría de libros como La Universidad en la calle y de folletos sanadores como Helicópteros sobre Ciudad Universitaria, y la reciente propuesta de incluir a la institución en la lista de “condiciones y problemas nacionales”, al mismo tiempo me obliga (y autoriza) al trazo de un perfil por cubrir. Así me lo han planteado algunos colegas. Procedo en consecuencia.

Seis. Dando por establecidas probidad y prudencia, fehacientes la inventiva y la presencia palpable en el día a día institucional, las puertas abiertas, el juego dialéctico entre diagnóstico y pronóstico consensuados y traducidos en planes de desarrollo a corto y largo plazos; subrayo que corresponde al titular la iniciativa de proponer programas integradores que resuelvan dos limitantes.

Siete. De un lado, el arduo quehacer individual de todo homo academicus (cabal cumplimiento del plan de trabajo, informes internos y externos, participación en proyectos gregarios, involucramiento en la docencia y la difusión, tareas representativas en consejos y comisiones, etcétera, etcétera), que tiende a aislarlo; y de otro, el peligro de que cada una de las tres filologías, cuya intersección, sustentaron el origen del IIFL, la hispánica, la clásica y la amerindia, sigan desarrollos diversos y faltos de diálogo.

Ocho. El diálogo (revestido de autognosis y autocrítica que hemos planteado para la propia UNAM), que fundamente, otorgue visibilidad, beligerancia, a la filología mexicana. Y sobre el particular, no puedo dejar de traer a cuento el libro colectivo con idéntico título, discutido y elaborado entre las opacidades, el oportunismo político, la falta de compromiso de las autoridades tanto locales como federales, de la huelga (huelga que pareció interminable) de 1999.

Nueve. Signos irrefutables del fracaso de la gestión, los informan el ausentismo vuelto permanencia, la cerrazón divisoria, y la demora en la resolución de la diaria agenda que se traduce en desdén a la comunidad.

Diez. Tal, si se me permite, mi parecer en el proceso de elección de mi propio instituto de investigación, para el periodo 2020-2024. Tramo, lector, lectora, que ya se anuncia, por todos sus costados, problemático.

Once. Y, si le interesa el tema de los quehaceres de investigación y docencia, me permito recomendarle, de Pierre Bourdieu, Homo academicus (traducción de Ariel Dilton, sigloxxieditores, México, 2009).

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.