Evocación de Leonor
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Evocación de Leonor

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Evocación de Leonor

15/03/2019

A José, el hermano

Uno.Semanas atrás, tomé sorprendida nota del deceso de Leonor Ortiz Monasterio, con la que una larga temporada guardara cercana relación, personal y profesional. Deseo hablar de esta última.

Dos. Debo empezar, señalando que la política universitaria resulta tan feroz como la política extramuros. Al tiempo que atrae por la clara misión tripartita (en esencia una sola), de enseñar, investigar y difundir, se supone en un proceso de permanente autocrítica e innovación, muestra los filos de todo ejercicio del poder, por modesto que este sea.

Tres. Para redondear el panorama, además de corresponder, a la Universidad el pensar, el historiar, el comparar política y poderes de toda índole, su práctica en tanto comunidad poblada predominantemente por el Homus academicus (especie y hábitat, a los que debemos aún serias aproximaciones), pone en juego tensiones, resentimientos y rivalidades que no consigue ocultar el ejercicio de la objetividad dictaminadora. “Egosistema”, a fin de cuentas.

Cuatro. En mis lustros, que no fueron pocos, de político universitario, conocí triunfos y derrotas, reapariciones y exilios. Me detengo en dos de estos últimos. Uno me llevó a la Agregaduría Cultural, previa escala en la Capilla Alfonsina (acogido por mi entrañable Alicia Reyes), en Nicaragua, el Sandinismo ya en plena picada. El otro a una Subdelegación en la Delegación Política Venustiano Carranza.

Cinco. Experiencias decisivas, lejos del confort que termina por inocular al campus (salvo estallidos de corta o larga duración), en las que figura, en ambas, Leonora Ortiz Monasterio, integrante del equipo formidable que compuso, en el Archivo General de la Nación, la historiadora Alejandra Moreno Toscano.

Seis. Desde Mangua, a través de Leonor, pedí auxilio para, durante una de las conmemoraciones de la Revolución Mexicana, insertar en la prensa sandinista, día con día, a lo largo de una semana, fotografías (y textos, estos de fabricación nuestra), de episodios señeros del movimiento iniciado en 1910 (y del que, al fin, empieza a prosperar las tesis no de una sino de varias Revoluciones, cuatro por lo menos: política, campesina, obrera, cultural).

Siete. Ya de regreso en México, en la crisis que nos llevó a un grupo, comandado por Gerardo Ferrando, a la Delegación Política Venustiano Carranza (prosperó, sí, el remoquete “VENUSNAM”, pero por la cabeza de nadie anidó la cursi nostalgia novohispana de las Alcaldías), rencontré a Leonor, al Archivo General de la Nación, a Alejandra Moreno Toscano.

Ocho. La de Venustiano Carranza, es una delegación singular. Su edificio y explanada (ocasión hubo en que gracias a la colaboradora Martha Martínez, congregamos 500 coros infantiles), evocaba la ambiciosa división delegacional impulsada por el echeverriato. Bajo su jurisdicción se contaban lo mismo el AGN, que la Estación TAPO, el Peñón de los Baños que el Mercado de Jamaica, cientos de establecimientos escolares, una red de once Casas de la Cultura, la representación anual en la que se enfrentan los Zacapoaxtlas y el Ejército Francés. No pocas de sus colonias resultaron de una calculada invasión, bajo la lógica de primero ocupa, que ya llegarán los servicios.

Nueve. Con la participación teórica de su jefa Moreno Toscano, y la operativa de Leonor, programamos la exposición “Décadas de la Ciudad de México”, que arrancó con la de los 40’s. Muestra de contenidos múltiples. Documentales, materiales, testimoniales, cinematográficos. Recuerdo, al centro del AGN, el automóvil blindado de Miguel Alemán, logro de la propia Leonor. La arqueología urbana de la década, sus figuras emblemáticas, Diosas y Dioses de las edades doradas del cine, la radio (faltaba para la llegada de la “caja idiota”).

Diez. De Carlos Monsiváis, duro de roer, conseguí y publicamos en la colección Práctica de Vuelo (que le expropiamos al INBA), uno de sus más legibles y brillantes ensayos, “¿De qué se ríe el licenciado?” (el licenciado Alemán, por supuesto, poseedor de afamada “mazorca”). Y tuve el privilegio de entrevistar al Arquitecto Mario Pani, sobre cuestiones urbanas en general, y en particular, sobre su proyecto de trasladar el Centro de la Ciudad de México a un nuevo punto nodal. Vasto proyecto edilicio, vial, comercial, simbólico, del que solamente queda el vestigio del cóncavo Edificio Plaza. El ejercicio de la Memoria manó a los barrios en forma de testimonios de fundadores y exposiciones de archivos fotográficos familiares.

Once. Ante la noticia inesperada del deceso de Leonor Ortiz Monasterio, no encontré mejor forma de evocarla que un proyecto de historia urbana en el que formamos cómplice mancuerna.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.