De clase media para arriba
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De clase media para arriba

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De clase media para arriba

05/05/2020

Uno. Ignoro si el término procede, pero no dudo del propósito. Las “mañaneras” fungen como “portavocería” de la 4T, aunque sin límite de tema, cual puesta en escena enciclopédica, ni de tiempo (como en las batallas campales de la lucha libre). Agenda (auto) propagandística, que busca darle diaria línea a la información, orientar la “opinología” y contener el quehacer de caricaturistas y “moneros”. Y podemos concluir que, a estas alturas de su montaje semanal, consigue lo primero, pero fracasa en los objetivos dos y tres.

Dos. Los editorialistas se atreven cada vez más en la crítica de la figura y acciones presidenciales, y los “cartonistas” frisan en la imaginación antropófaga. Supongo que éxito y fracaso, se reiterarán en el asunto de la caracterización, y contabilidad, de la clase media para arriba, proferidas, desde un podio que parece altar, estos últimos días, con el objetivo de precisar qué programas emergentes beneficiarán, directamente, a los desposeídos, y cuáles servirán, y cómo, y por default, a la clase media de media para arriba. Porcentajes que se calculan en, 70 y 30 por ciento, respectivamente.

Tres. Mientras la inmensa mayoría conforma las huestes de pobres, 38 millones de connacionales integran la clase media y la que la sigue. Quiero suponer que toca a los “cientistas” sociales (como se autodenominaban allá por los 70 del pasado siglo), ocuparse de la corrección o falta de corrección de tales cifras, la metodología para establecerlas, y las razones de la discriminación.

Cuatro. En general, las medidas, de beneficio directo e indirecto, son: no a la corrupción ni a la impunidad; reducción del gasto gubernamental; garantía del régimen de libertades; Estado de derecho; paz más justicia; no a nuevos impuestos; no al aumento de la gasolina, la luz y el gas; baja en las tasas de interés. De claro beneficio indirecto: el aeropuerto Felipe Ángeles, la reactivación económica acompañada por austeridad, la inversión en obra pública y la entrada en vigor del tratado comercial con Estados Unidos y Canadá. Lo cierto es que el discurso parece girar en círculos.

Cinco. Fue Porfirio Díaz, con vistas a las elecciones de 1910, año además afanado en las fiestas del primer centenario del inicio de la Guerra de Independencia (en cuyo contexto surge la Universidad Nacional de México), quien, a través de la entrevista concedida, en 1908, al periodista de origen canadiense pero injertado en Estados Unidos, James Creelman, quien puso la cuestión sobre la mesa. No le interesaban, a todas luces, ni la clase campesina, que abundaba (encasillada y miserable), ni la obrera (que apenas surgía), pero la media, urbana, sí.

Seis. Mientras que, de la clase alta, paradójicamente, tenía una opinión negativa. No obstante su hieratismo, silencio con carácter de política de Estado, Díaz se descoció presumiendo, ante el periodista del Pearson’s magazine, revista de gran éxito, la dilatación de la clase media como uno de los logros de su gestión.

Siete. Sobre la elección que se avecinaba, no tuvo empacho en revelar (pura estrategia, tanteo): “No importa lo que al respecto digan mis amigos y partidarios, me retiraré cuando termine el presente periodo y no volveré a gobernar otra vez. Para entonces, tendré ya ochenta años”. Y abundará: “Doy la bienvenida a cualquier partido oposicionista en la República Mexicana […] Si aparece, lo consideraré como una bendición, no como un mal. Si llega para hacerse fuerte, no para explotar sino para gobernar, lo sostendré y lo aconsejaré, y me olvidaré de mí mismo en la victoriosa inauguración de un gobierno completamente democrático en el país”.

Ocho. Además de que muchas de las acciones anunciadas, y dictadas por el ascenso de la plaga Covid-19, ya han sido motivo de “buenas nuevas previas”, me preocupan datos que son secreto a voces. Los programas sociales carecen de listados estrictos, se multiplican como fruto de temporada, los envuelve un halo de coyuntura, y cada día ven achicarse sus fuentes de financiamiento; la clase media se deteriora; y la alta, es motivo de reprobación y befa por las redes sociales correligionarias (y no sólo por estas, sino por sectores de opinión, arguyéndose el talante frívolo y parasitario de los pocos dueños de casi todo).

Nueve. De cualquier manera, pendiente estoy del parecer académico (sociólogos, antropólogos, historiadores, filósofos), sobre esta especie de pensamiento social de bolsillo. Y, por si viene al caso, cito la nueva composición de los Rolling Stone, después de diez años de esterilidad. Aludo a la rola “Living in a ghost town”.

Diez. Reza parte de la letra: “Ghost, living in a ghost town”. Influencia, conjeturo, del confinamiento. La composición y el sentimiento que ocasiona.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.