Colosio, Colisión
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Colosio, Colisión

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Colosio, Colisión

05/04/2019

Uno. En la vida civil, el asesinato, forma extrema de la criminalidad, se produce por omisión o por comisión; imprudencial el primero, el segundo susceptible de premeditación, de alevosía o de ventaja, o de las tres agravantes concurrentes.

Dos. ¿Pasa, cabe la pregunta, lo mismo en el plano, circunscrito, de la política (lucha por el poder), o en el del largo aliento de la historia? Sin duda, aunque con un matiz. El de la responsabilidad de permitir (omisión) o propiciar (forma de comisión) las condiciones objetivas del desenlace trágico.

Tres. Tuve el privilegio de conocer personalmente a Donaldo Colosio. Encuentro, junto con otros colegas unamitas (recuerdo a Elisa Vargas Lugo, a Mari Carmen Serra, a Rodolfo Rivera), propiciado por el amigo admirado José Narro. Objetivo: la hechura de un plan cultural para la campaña del candidato.

Cuatro. Comimos en casa de José. Frente al delirio salinista, tan en la línea del de Echeverría, sólo que el salinista tecnocrático, y el echeverrista de un nacionalismo estatal acedo, Colosio me pareció de antemano una alternativa desde dentro. La que el PRI-Presidente no le permitió a Carlos Madrazo en 1965, la que el mismo PRI-Presidente no previó cuando, la asignación de la Olimpiada de 1968, atraería al país a la prensa mundial (con el añadido satelital), y desataría las contradicciones intestinas (de buena y de mala fe, ambas oportunistas).

Cinco. De haber hecho el sistema su trabajo, estadista no policial, previsor no represor, la Olimpiada Cultural hubiera rematado la Revuelta Cultural de los 60’s (la segunda en el siglo después de la Modernista-Ateneísta); y, en otro orden, nos hubiera ahorrado a la Corriente Crítica de PRI y, por ende, a sus ramales en el tiempo, primero el PRD, después MORENA.

Seis. Colosio se dio tiempo para comida y conversación. Arribó conduciendo su camioneta, sin visible aparato de seguridad. Charla en la que los temas culturales no inhiben a los signos, también culturales, del propio invitado principal. Esas indelebles marcas de la provincia profunda (perdón, como las mías). Magdalena de Kino, Sonora, en su corazón, en su ser. Una temprana experiencia radiofónica. Al tiempo que me identifico, advierto una secreta tristeza.

Siete. Entretanto (es una imagen), Carlos Salinas de Gortari insultaba colérico a su dedo destapador. Toca a la especulación política de profundidades, o a la Historia-Ficción, o vaya usted a saber qué disciplina esotérica, indagar las razones del arrepentimiento presidencial. ¿Celos? ¿Paranoia? ¿Cambio de las condiciones nacionales? ¿Irrupción espectacular de la guerrilla chiapaneca y su adalid post moderno, sub comandante, sub poeta? ¿Presión compulsiva de alguno de los suspirantes perdedores, que los indicios apuntan a Manuel Camacho?

Ocho. Recuerdo, que trabajamos en el plan cultural. No, en cambio, sí quedó en tentativa o lo abandonamos en el camino. El caso es que el 23 de abril de 1994, en Lomas Taurinas, paraje de Tijuana, al término de un mitin, mientras se dirige a su camioneta, un sujeto, que será identificado como Mario Aburto, dispara primero a la cabeza, y después al abdomen, del candidato del PRI. Disparos fatales de necesidad. Modus operandi que revela deliberación, insidia y la simple y llana ventaja.

Nueve. Aunque la verdad oficial se inclina por la versión, a todas luces cómoda, del “asesino solitario”, lo indudable es el surtidero de especulaciones. ¿Por qué el Coordinador de la Campaña se encontraba en México? ¿Por qué se permitió que a la campaña electoral de Colosio la desluciera la de la campaña negociadora del Comisionado de la Paz chiapaneca? ¿Qué decir de su hostil recibimiento, de familiares y amigos y correligionarios, al presentarse en Gayosso?

Diez. ¿Influyó en el claro distanciamiento de Salinas, que el candidato a sucederlo (lejana entonces la derrota del PRI), no sometiera a su Visto bueno, el luego legendario discurso de Colosio, un 6 de marzo, en la abarrotada Plaza de la República, marcador de un giro de 60 grados con la tendencia tecnócrata?

Once. ¿Cómo dimensionar, cómo seguir sus líneas, de la versión reiterada de Alfonso Durazo, a la sazón secretario de Luis Donaldo, y hoy Secretario de Seguridad Pública, de que la tesis del “asesino solitario “, no se sostiene? Añádase el compromiso del actual Ejecutivo Federal de reabrir el expediente de un caso aparentemente cosa juzgada.

Doce. No recuerdo ni dónde estaba, ni qué hacía aquel 23 de marzo. Lo incuestionable es que la ejecución, que de una ejecución se trató, del candidato a suceder a Salinas de Gortari, colisionó al sistema.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.