Astérix vuelve a la carga
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Astérix vuelve a la carga

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Astérix vuelve a la carga

01/03/2019

Para mi hijo Adrián

Uno. Yo sí extraño a rabiar la época de innúmeros puestos de periódicos desperdigados por la Ciudad de México (¡qué CDMX ni qué rábanos!). Destino, además de la prensa diaria, de cómics, de fotonovelas (especie ya extinta, ¿hasta que resurja?), de revistas de toda laya, y de colecciones de libros de kiosko. Por regla, no por excepción.

Dos. ¿Recuerda usted la colección Populibros La Prensa? El asesinato de Trotsky (Salazar), Nueva grandeza mexicana (Novo). Etcétera, etcétera.

Tres. Puestos de periódicos y revista y libros conocí, en la ahora alebrestada Barcelona, abiertos las 24 horas, día y noche. Oasis urbanos.

Cuatro. Todos ellos, aquí, en leal competencia con los “periodiqueros”, duchos en torear un tráfico que ha cobrado proporciones inusitadas. Con todo y las foto multas, maquinadas por uno de los más mediocres Regentes y/o Jefes de Gobierno de la capital republicana, que nos han tocado en perra suerte.

Cinco. Hablando de recuerdos (los buenos), en contrapunto memoro la venta callejera (tiempos de González Avelar en la SEP), de una reedición de los clásicos “verdes” con los que José Vasconcelos, alimentó tanto a un pueblo ayuno de libros fundamentales, como a las fauces de los Talleres Gráficos de la Nación, trasladados por su jefe, el “Preciso” Álvaro Obregón, a la Universidad Nacional. Allá en los 20’s del siglo pasado.

Seis. En contrapunto, también, de tarde en tarde me asomo a los sobrevivientes puestos de periódicos. Así di con la colección de libros dedicada a los excesos y desfiguros del peñanietismo (el jefe de la banda recién captado en Madrid, en plan galán).

Siete. Así acabo de toparme con la edición “para coleccionistas” de Astérix (Salvat). El clásico de los clásicos del cómic, debido al parejo al argentino-neoyorkino-parisiense René Goscinny y al francés Albert Uderzo.

Ocho. ¡Vaya nómina de la mitología contemporánea! Astérix, guerrero bebedor de pócimas mágicas (como Don Quijote). Obélix, Sancho fiel de Astérix. Abraracúrix, digamos alcalde de la aldea. El mago Panorámix. Asuracentúrix, aeda incomprendido. Y la bella bellísima Falbalá. Sin que falte un perro: Ideafix.

Nueve. ¡Vaya épica! Aldea gala que resiste el embate territorial del Imperio Romano. ¿Cómo? Declarándose en resistencia, militar pero también cultural. Todos a uno. Y no como el París de la ocupación nazi, divididos entre colaboracionistas y no colaboracionistas. Y contando, claro está, con el auxilio, en este orden, de Goscinny, de Uderzo, y de los lectores, millones en el planeta.

Diez. Llamaré, con justicia, a esta colección destinada a los puestos de periódicos, empresa excepcional. Cada tomo se acompaña de su historia interna, en el marco de la de Astérix. Todo lo que usted quiera saber sobre el mundo Astérix.

Once. ¿Y aquí, ya que supuestamente andamos tan movidos, en eso de la lectura, cuándo le atoramos con la misma pericia editorial y comercial a Los Supersabios, memorable pandilla juvenil, o a El Santo, precursor del fotomontaje? Menos mal que Porrúa ya se ocupó de La familia Burrón.

Doce. Con todo y sus altibajos, en el mercado y en la academia, el del cómic (el buen cómic), sigue fungiendo como solaz estético (de notable audacia como Sin City) y eficaz lenguaje para la promoción de la lectura. La que se inicia con la niñez, la que se descubre en la edad madura.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.