Aplicación ‘pausa’
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Aplicación ‘pausa’

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Aplicación ‘pausa’

14/05/2019

Uno. En mi ejecutoria, amén del escritor y del filólogo, constan el abogado, el ex funcionario de la Suprema Corte de Justicia (la de los 60’ del pasado siglo) y el político universitario (con asomos al INBA, a la Cancillería y al Gobierno del Distrito Federal). Lo digo en previsión de la ira de Redes y Bots.

Dos. Bien. Dando por hecho que la vida pública mexicana tiene una sola “línea argumental”: el Poder Supremo (Imperial, Republicano, o su simulada mezcla de presidentes imperiales); a la vista de los regímenes del 2000 al 2016, desastrosos, aduje una enfermedad contraída en Palacio Nacional o en Los Pinos (hoy por hoy aserrados): la Insuficiencia Presidencial; crónica, invasiva, letal, incurable.

Tres. No resultó difícil datarla: el sexenio, alucinante y atolondrado, de Luis Echeverría (el que se creyó reencarnación de Lázaro Cárdenas y Salvador Allende). Pandemia: “Jolopo”, el gris grisáceo De la Madrid, el encantador de serpientes Carlos Salinas de Gortari, Zedillo (sobre el cadáver de Luis Donaldo Colosio); los primitivos, rústicos, Fox y Calderón.

Cuatro. Aunque cabe aclarar que, a la Insuficiencia Presidencial, la inmunizan las respectivas ex presidencias. La impunidad de don Luis (salvo, se cuenta, el mal trato al que lo someten los descendientes en su prisión domiciliaria). La Casa del Perro de López Portillo (en la actualidad, disputado desarrollo inmobiliario). La, un poco más y perpetua, dirección (con todo y edificio faraónico) del Fondo de Cultura Económica para don Miguel.

Cinco. La fama de “capi di capi” de don Carlos. Las chambas gringas conseguidas por don Ernesto, al fin más norteamericano que mexicano. El complejo (Centro de Convenciones, Salón de Fiestas, boutiques, hotel, albercas) de don Vicente, quien al finalmente dio golpe empresarial. Un partidito político para que se entretenga don Felipe. La nueva imagen pública (para borrar la anterior de depredador), de don Enrique: brioso enamoradillo.

Seis. Ahora bien: ¿infecta la Insuficiencia Presidencial a AMLO, el de la tercera es la vencida? Me temo que sí. Y a una velocidad de Fórmula I.

Siete. El “reality show” mañanero (que ya exhibe sus costuras), rosario de descalificaciones, surtidero de estigmas ideológicos, bastante para “dar línea” informativa a los “Medios”, pero no editorial (de opinión y caricatural). La propensión a escalar cuestiones incómodas de la víspera (rechifla en una cancha de beisbol, informes académicos sobre pre etiquetadas redes militantes, etcétera), con ocurrencias sacadas de la manga.

Ocho. Equiparar a los económicamente desvalidos con “animalitos”. Valerse de un “Memo” para violentar la Carta Magna. Sobreponer la Justicia (¿según quién, con base a qué criterios?) a la Ley (como si la Ley no encerrara una noción de Justicia que, en México, se retrotrae a la agenda social, redistributiva, justiciera, popular, de la Revolución). Y paro de contar.

Nueve. A lo que voy: la velocidad vertiginosa de desaciertos, desfiguros y moralinas, tiene su equivalente en el agotamiento también vertiginoso de salidas, efectivas, a los planteamientos de las voces críticas, impresas y electrónicas (la oposición partidaria y legislativa es harina de otro costal).

Diez. Escenario, pues, el de la vida pública, ya no de confrontaciones sino de soliloquios (lo más opuesto al diálogo). Yo hago lo que se me da la gana. Yo aduzco, pero sin consecuencias posibles, las razones del atropello. Y la realidad “real” imponiendo su marca de fuego.

Once. Círculo vicioso que, lo señalo, hasta entonces no cambie el panorama, me lleva a la aplicación “Pausa” en el comentario, sin duda modesto, de los asuntos de la Res Pública.

Doce. Lo maravilloso es que se alza, alternativa, la cultura. La cultura, desobediente de la Ley de la Rentabilidad (económica, de influencia). Esa cultura nuestra de resistencia que como en el pasado se impone (aunque anden juntas y revueltas) inevitablemente a la política.

Trece. Y está, también, artefacto cultural superior, la Ciudad de México (¡qué CDMX ni qué pamplinas!). Ciudad en vilo, en manos de una delincuencia organizada que lo toma la medida a la desorganizada gobernanza (¡vaya palabreja), pero viva. Y, asimismo resistiendo (aunque falta ver que hace el escultor Orozco con Chapultepec, hito de la identidad chilanga).

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.