Austeridad en serio
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Austeridad en serio

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Austeridad en serio

15/08/2018

Muchas veces los grandes cambios empiezan con una pequeña mutación casi imperceptible; con un cambio de criterio; un movimiento de opinión; que al tiempo –poco o mucho- toma trascendencia y modifica las cosas de manera importante.

Quizá esto acaba de ocurrir en el Pleno del Instituto Federal de Telecomunicaciones del 6 de junio de 2018, cuando seis comisionados, acertadamente, aprobaron la alianza estratégica entre el consorcio de medios Grupo Imagen y el Gobierno del Estado de Chihuahua.

Propicia esta alianza la opción que ofrece la nueva tecnología de televisión digital terrestre que permite que en un mismo canal de televisión (6 MHz) puedan transmitirse una o más señales o programación, la “multiprogramación”, a diferencia de lo que ocurría en el pasado analógico, cuando solamente podía transmitirse una señal por cada canal. Ello explica que el Canal 11 del IPN hoy transmita dos señales de televisión donde antes sólo transmitía una.

Como resultado de las licitaciones llevadas a cabo en 2015, Grupo Imagen tiene concesiones de televisión en las ciudades de Chihuahua y Juárez, entre otras plazas de tal entidad. En ambas ciudades únicamente transmite en multiprogramación las señales de Imagen Televisión y Excélsior TV. Ahora, como resultado de la alianza que nos ocupa, también transmitirá una señal con la programación que genere el Gobierno de Chihuahua.

¿Por qué es tan importante esta alianza? Porque por primera vez en la historia de la radio y televisión abiertas en México una entidad gubernamental decide transmitir señales de televisión sin contar con infraestructura propia y, en vez de ello, utilizará la de terceros privados.

Es un cambio de paradigma enorme y que viene a romper una idea que ha prevalecido en nuestro país para gozo y felicidad de muchos servidores públicos, para quienes no hay nada más gratificante que ejercer gasto, sin importar si éste es eficiente o necesario. Desde hace lustros es evidente que los recursos presupuestales no alcanzan bajo el modelo actual para sufragar la radio y televisión públicas que operan la Federación y las entidades federativas.

Cada vez es más caro hacer televisión; la competencia con otras plataformas se incrementa exponencialmente, y en muchos casos los niveles de audiencia vienen a la baja. A pesar de ello, el Estado ha seguido creciendo en número de estaciones de radio y televisión, alegremente, desvinculado de la realidad; gasta más y suma más infraestructura sin racionalidad alguna. Los ejemplos abundan. ¿Por qué, por ejemplo, el Congreso de la Unión no utiliza la infraestructura de transmisión del Canal 11 o del Canal 22?

En vez de pensar en lo más importante, los contenidos, muchos servidores públicos piensan en lo más costoso, la infraestructura.

El Gobierno de Chihuahua da un paso adelante, pues no solamente rompe con el paradigma goloso de que cada quien tenga su infraestructura, sino que incluso habrá de utilizar la de “los malos de la película”: la radiodifusores privados.

El Gobierno del Estado podrá concentrar el gasto en la compra y/o generación de contenidos acordes a su naturaleza, en vez de ejercer gasto multimillonario en adquirir, instalar y mantener equipos propios a lo largo y ancho de Chihuahua. Tal medida no hace, por supuesto, que el proyecto escape de algo mucho más importante: de un buen estudio de costo-beneficio para el contribuyente chihuahuense.

Hay dos datos adicionales que vale la pena señalar: el primero, que la programación será sin fines de lucro, con lo que se evita cualquier interpretación en el sentido de que las estaciones públicas entran por la puerta de atrás a la comercialización. Y el segundo, anecdótico, que el Gobierno de Chihuahua es encabezado por Javier Corral, a quien se ha visto (al menos yo) como adalid del modelo de gasto burocrático irracional.

Ojalá el C. Gobernador se mantenga en sus cinco y que este paso trascendente no acabe en un acto de contrición para darle gusto a sus gastalones seguidores.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.