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Las estrellas

01/02/2018
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Cuauhtémoc Blanco y AMLO en Chiapas. (Especial)
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Una de las características de toda campaña electoral es la de atraer a figuras públicas que muestren su apoyo o adhesión a una u otra opción política. Artistas, escritores o políticos de signo contrario que pasan de un lado a otro de la trinchera, se presentan como adquisiciones que refuerzan la propuesta partidaria que se repite de forma incesante ante la ciudadanía. Pero incluso en la forma de incorporar a estas estrellas de la popularidad, uno puede percibir el grado de cohesión y coherencia de la alternativa política en cuestión. Morena y López Obrador han hecho uso de esa herramienta de manera burda en estos tiempos de 'precampaña'.

La candidatura de Cuauhtémoc Blanco al gobierno de Morelos, más en función de su popularidad como exfutbolista, que por el pésimo desempeño al frente de la presidencia municipal de Cuernavaca, refuerza la estrategia del tabasqueño de incorporar a sus filas a todo aquel dispuesto a someterse a su mando único. La incorporación de Gabriela Cuevas a sus filas para mantener la presidencia de la Unión Interparlamentaria es un argumento en favor del chantaje y la corrupción por parte de políticos que legitiman su puesto por el cargo mismo, y no por una inexistente carrera política propia a lo largo de años de haber vivido al cobijo de uno u otro funcionario público.

En la coalición Por México al Frente, su problema radica en que su postura de desmantelamiento del viejo régimen choca con un nepotismo político excesivo, difícil de sostener en medio de un discurso de renovación y cambio. La esposa de Moreno Valle en Puebla, el hijo de Yunes en Veracruz y el de Graco en Morelos, le generan al Frente un problema de legitimidad más allá de que estos candidatos posean una carrera política propia. Son estrellas vinculadas a sus familiares que les antecedieron en el poder, y que por lo tanto generan una duda razonable sobre los motivos de su elección y los procedimientos para llegar a ella.

En el caso del PRI, Meade no ha alcanzado a buscar estrellas que refuercen su condición de candidato ciudadano. Se encuentra todavía en la etapa donde busca la cohesión de los priistas, quienes no han logrado establecer un acuerdo general sobre candidaturas para gobernadores, senadores y diputados, de manera que su candidato presidencial acude a los distintos estados de la República, más a cerrar pactos entre grupos, que a realizar acciones proselitistas. Meade ciudadano va a requerir de esas estrellas externas más que los otros candidatos. Una vez terminada su campaña interna, la necesidad de alejarse del sello priista lo obligará a buscar a esas figuras de la sociedad que lo hagan ver más ciudadano y menos priista.

Las estrellas sirven para atraer votos, siempre y cuando éstas no supongan que su atracción popular las convierte en automático en políticos en funciones. Las experiencias al respecto han sido desastrosas, tanto por la falta de preparación a la hora del ejercicio efectivo de la función pública, como por las aspiraciones políticas y delirios de grandeza que adquieren los famosos a la hora que combinan su glamour con el poder. Es por ello importante que estas estrellas posean o aprendan conocimientos básicos del porqué apoyan una u otra opción electoral.

La falta de respuestas adecuadas en una era donde redes sociales y medios electrónicos influyen de manera significativa en la intención de voto del elector, obligan a estas estrellas a saber a quién y por qué están apoyando determinada alternativa, puesto que una respuesta errónea o francamente ridícula puede hacer que su candidato quede exhibido de manera negativa. Los políticos requieren la adhesión de estrellas famosas, inteligentes y conscientes de que no son ellas las que van a manejar al país. Eso, también importa.

Twitter: @ezshabot

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