Dos mundos
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Dos mundos

13/06/2019
Actualización 13/06/2019 - 13:09

La reciente confrontación entre el gobierno de Trump y el de López Obrador representa un retorno al pasado en todo sentido. Tanto desde la perspectiva de la política exterior de ambos países, como de la confrontación que creíamos relativamente superada desde la puesta en vigor del Tratado de Libre Comercio, en 1994. La elección de Trump y el triunfo de su visión de un mundo proteccionista y nacionalista blanco anglosajón, volvió a colocar a México en el terreno del enemigo, del vecino distante, o en el mejor de los casos del socio del que se desconfía en su totalidad.

Esta visión del mundo chocó de frente con el concepto de integración económica y de distensión histórica en la relación entre nuestro país y Estados Unidos. Ese antinorteamericanismo que se había interiorizado en la identidad nacional mexicana, se iba diluyendo a medida que los lazos económicos, culturales y de tolerancia mutua impulsaban a ambas naciones a una convivencia más justa y sana, independientemente de los serios problemas de migración y racismo presentes en esta relación. La nueva realidad lo revivió.

Con la llegada a la presidencia de López Obrador se regresó al concepto de no intervención y libre autodeterminación de los pueblos, lo que implica en la práctica la renuncia a intervenir en el mundo diplomático, salvo en los casos donde se afecta directamente a México. Esto reduce la capacidad de maniobra del gobierno mexicano a nivel internacional y provoca que en la confrontación con otro aislacionista como Trump, ambos mundos giren de forma independiente con el riesgo de chocar en cualquier momento, sin que exista otro factor de poder real externo o interno que pueda evitarlo.

Este es el riesgo de separarse de la esfera del multilateralismo y enfrentar a un político irracional como Trump, en una negociación de uno a uno sin ninguna red de protección externa. China ha logrado mantenerse en esa línea gracias al poderío comercial, y más que nada financiero, que puede enfrentar a Trump de tú a tú, lo que México no tiene ni remotamente. El mundo Trump de golpear, humillar y conseguir lo que desea triunfa cuando se enfrenta a quienes carecen de una fuerza semejante o no tienen una cadena de aliados que les permita enfrentar al gigante desquiciado.

Es esto lo que ha logrado la Unión Europea frente al señor del pelo naranja, e incluso Canadá ante las amenazas arancelarias a sus productos como la madera o los lácteos. En este sentido, México puede seguir explotando políticamente cualquier acuerdo con los Estados Unidos como una victoria, independientemente de si se trata de una imposición proveniente de un vecino hostil. Pero intentar apostar por la misma lógica aislacionista de Trump para contradictoriamente mantener un acuerdo de libre comercio regional, con la amenaza permanente de ser sancionado por el socio más poderoso del tratado, es simplemente incomprensible.

Hemos regresado en el tiempo a pesar de contar con un nuevo tratado trilateral de comercio todavía no aprobado por el Congreso norteamericano. Volvimos a ser el enemigo de los blancos anglosajones protestantes, y los gringos recuperan su imagen de conquistadores e imperialistas de antaño. Dos mundos similares en su contenido, que chocan amenazando con destruir el equilibrio propio de una desigualdad descomunal, y que simultáneamente abandonan la idea de una integración más allá de lo estrictamente comercial.

Con advertencias reiteradas por parte de calificadoras, en el sentido de que el grado de inversión estaría a punto de ser retirado para la deuda soberana mexicana, es momento de dar el golpe de timón necesario para regresar al mundo globalizado y conseguir las mejores defensas ante la amenaza real del autócrata que gobierna el país más poderoso del planeta.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.