Riesgo de recesión, ¿es real?
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Riesgo de recesión, ¿es real?

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Riesgo de recesión, ¿es real?

15/07/2019
Actualización 15/07/2019 - 11:07
columnista
Ernesto O'Farrill
Perspectiva Bursamétrica

En las últimas semanas, han sido más frecuentes distintas opiniones entre diversos especialistas de que nuestra economía ya se encuentra en una 'recesión técnica'. (Moody’s, Bank of America, la revista Tendencias Económicas, la sugerencia de un vicegobernador de Banxico). ¿Qué es la 'recesión técnica'? ¿Qué tan cierto es esto? ¿Quién la califica? ¿Qué tipos de recesión existen? ¿Se podría evitar? ¿Cómo salir de ella?

La teoría económica acepta que la economía se mueve normalmente con base en ciclos, que se componen de fases que oscilan entre periodos de expansión, que corresponden al estado natural de la economía, y fases de contracción. Estos periodos de contracción naturales se atribuyen principalmente a un desequilibrio entre la inversión y el ahorro, y corresponden a lo que se llama recesión, misma que tiene múltiples manifestaciones de caídas en el empleo, en la inversión, en la producción y otras variables. Dado que los economistas no se ponen de acuerdo en cómo precisar estos periodos, se usa el término simplificado de 'recesión técnica' cuando se tiene una contracción del PIB por dos o más trimestres consecutivos.

Sería conveniente mencionar que una recesión es algo distinto a una crisis (cuando un suceso irrumpe la normalidad económica), o a la desaceleración (cuando la economía va perdiendo velocidad, pero las variaciones de los indicadores son aún positivas).

Se puede clasificar a una recesión en ligera o grave, corta o larga, natural o inducida, esta última cuando es generada por un choque externo, o por la torpeza en la conducción de la política económica. Hay que distinguir fenómenos más graves como una depresión (contracción larga y profunda) o una gran depresión (como la de los años treintas del siglo pasado en Estados Unidos).

¿Que tan cierto es que ya estamos en una recesión técnica? Analizando las series de datos del IGAE y del indicador coincidente del Inegi, así como las de nuestros propios indicadores (IBAM, IBEM y el IMCE del IMCP/Bursamétrica) es clara la tendencia de desaceleración a partir del 2016 cuando iniciaron las amenazas del presidente Trump. A partir de octubre pasado, la desaceleración se ha acentuado. No hay duda, estamos dentro de una economía estancada, y en la raya de pasar a recesión. El deterioro se debe a la contracción de la inversión, por una serie de choques externos e internos, por una errática política económica, y por el clima de desconfianza creciente entre los agentes económicos. Oficialmente, y con cifras desestacionalizadas, el PIB del cuarto trimestre del 2018 tuvo un incremento de 0.2 por ciento real trimestral, en el primer trimestre de este año se registró ya una contracción de -0.2 por ciento real trimestral. Del segundo trimestre de este año, solo conocemos el IGAE de abril, con una ligera variación positiva de apenas 0.1 por ciento real mensual. Inegi publicará a finales de este mes su estimación oportuna del PIB al segundo trimestre y nos dará su cifra definitiva el 24 de agosto. Con nuestro indicador IBAM, nuestra estimación del IGAE de mayo es que pudiera haber crecido 0.2 por ciento mensual. Con nuestro indicador más oportuno, el IBEM, estimamos preliminarmente que en junio volveremos a ver una contracción del IGAE, como de -1.2 por ciento mensual, con lo que el segundo trimestre podría incurrir en una segunda caída, de alrededor de -0.3 –0.4 por ciento real trimestral. De ser ciertas estas estimaciones, entonces sí estaríamos técnicamente en una recesión. Esta sería catalogada en la historia como una recesión inducida, atribuible a factores externos e internos.

¿Podría evitarse? Ya es muy tarde para evitarla. La marcha de la economía es similar al movimiento de un tren o de un crucero. Lleva mucha inercia de todas las fuerzas que intervienen en la misma, y las expectativas juegan un papel fundamental, por lo que es imposible cambiar el rumbo de la noche a la mañana. Lo que si podemos hacer es mitigarla, controlarla y cortarla. ¿Cómo hacerlo? He leído a más de uno que dice: que reactivando el gasto público. Mucho cuidado con eso. Para esta administración, el ancla de la estabilidad es la disciplina fiscal. Se pueden dar todas las dádivas sociales si hay superávit fiscal primario.

Urge que el gobierno genere un buen clima de confianza e impulse medidas y programas a favor de la productividad y de la inversión productiva que contrarresten los efectos de la recesión que ya se siente. Hay que considerar en el panorama, la altísima probabilidad de que Estados Unidos entre en una recesión hacia finales del 2020. ¿Estamos preparados para lo que viene?

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.