Requerimos de un plan económico de emergencia
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Requerimos de un plan económico de emergencia

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Requerimos de un plan económico de emergencia

09/03/2020
columnista
Ernesto O'Farrill
Perspectiva Bursamétrica

El autor es presidente de Bursamétrica

Hace ocho días cuestionábamos si los mercados globales estaban exagerando el efecto del Covid-19 en la economía global, o no. Los datos más oportunos que conocemos de la economía de China nos dejan ver el brutal impacto del mismo, y las posibles repercusiones globales de la propagación del mismo. La producción automotriz china cayó 80 por ciento en el mes de febrero. Recordemos que las festividades del año nuevo chino iniciaron el 25 de enero y terminaron el 11 de febrero, pero con la epidemia, la parálisis de diversas regiones en China se prolongó a lo largo de todo el mes. Las exportaciones chinas cayeron 17.2 por ciento en febrero. El Índice de Gerentes de Compra (PMI) Compuesto de Caixin, que incluye manufactura y servicios, de febrero, cayó bruscamente a 27.5 desde 51.9 en el mes anterior. Estos indicadores reflejan expansión arriba de 50 puntos y contracción por debajo de ese nivel. El PMI Servicios se desplomó a 26.5 desde 51.8 en enero. El PMI manufacturero de Caixin se precipitó a 40.3 desde 51.1 en enero. Estas lecturas son nuevos mínimos históricos, y dejan ver una circunstancia más dramática que lo que vimos en la Gran Crisis del 2008 -2009.

La semana pasada, la Reserva Federal sorprendió a los mercados globales con el anuncio de una reducción de 50 puntos base en el rango objetivo de la tasa de Fondos Federales, para llevarla al rango del 1.0-1.25 por ciento anual. Unas horas antes, los presidentes del Banco Central de Alemania y el del Banco de Francia habían declarado que la política monetaria no tenía nada que hacer ante un caso como el actual. Ante un choque de oferta como el presente, que es la interrupción de las cadenas globales de suministro de insumos, una reducción en las tasas de interés no tendría ningún efecto en la economía. Tesis que comparto plenamente. Por su parte, los ministros de Finanzas del G-7 anunciaron que están listos para utilizar todas las herramientas necesarias a fin de reducir el impacto económico de la epidemia del coronavirus.

La reacción de los mercados al anuncio de la FED fue muy negativa. ¿Por qué bajar tanto la tasa de referencia si EU está en pleno empleo? El Fligth to Quality se exacerbó en estos días, afectando a los mercados emergentes. En México, el tipo de cambio cerró el viernes pasado por arriba de los 20.10 pesos, cayendo el peso más de 8.5 por ciento en unas cuantas semanas. El spread entre las tasas en pesos y en dólares se ha disparado, y los índices de las Bolsas mexicanas han perdido alrededor de 9.0 por ciento. Con un dólar arriba de 20 pesos, se ve difícil que la Junta de Gobierno del Banco de México se atreva a bajar su tasa de referencia. Los economistas de la OCDE, que suelen ser muy optimistas, acaban de revisar a la baja sus estimaciones del crecimiento de la economía mundial, del 2.9 al 2.4 por ciento por las implicaciones del Covid-19 en la economía china y de diversos países.

En México no se han adoptado las políticas públicas y las medidas de salud necesarias que deberían de implementarse para evitar brotes de la epidemia en diversas ciudades, ni tampoco se está considerando un programa de emergencia económica para atenuar el efecto de este cisne negro en nuestra economía. Hay que recordar que estamos en estancamiento. Anunciar otro empujoncito o ejercer adecuadamente el Gasto Público no es suficiente para evitar que el estancamiento actual se transforme en una recesión profunda. Ya tenemos varios sectores afectados. El mayor riesgo, es que tenemos la espada de Damocles encima, con la perspectiva negativa de las calificadoras, y con una tenencia de 115 mil millones de dólares de valores gubernamentales en pesos en manos de residentes en el exterior, que en cuanto perciban la posibilidad de perder el grado de inversión tendrán que vender sus posiciones en cuestión de nanosegundos. Sinceramente, no se entiende que están esperando las calificadoras para accionar el gatillo. Su reputación está en entredicho. Después de la pérdida por 346 mil millones de pesos reportada por Pemex para el 2019, ¿Cómo podemos estar confiados en que ya libramos la pérdida del Grado de Inversión para Pemex?

Proponemos entonces un plan de emergencia económica de gran envergadura, independientemente de lo que en materia de prevención de la salud se tenga que implementar. Los principales lineamientos del mismo podrían ser:

Se propone incrementar el déficit fiscal en 0.5 por ciento del PIB como política fiscal contracíclica, solo por este año, lo que equivale a 110 mil millones de pesos. El 100 por ciento de este incremento en el presupuesto debería de destinarse a medicamentos de emergencia y al gasto de inversión pública.

El gasto de inversión pública pudiera potencializarse si se realiza en proyectos de inversión en asociación con el sector privado, al 30 por ciento; en sectores como la construcción; proyectos de Infraestructura, salud, y en el sector de energía, —con esto se detonarían inversiones hasta por 330 mil millones de pesos que equivaldrían al 1.5 por ciento del PIB—; el efecto multiplicador de este gasto podría llevarnos a crecer potencialmente por arriba del 2.5% del PIB.

Complementar este esfuerzo con un amplio programa de garantías de la banca de desarrollo para las empresas grandes y Pymes, mediante la participación de los bancos comerciales y los intermediarios financieros no bancarios.

Revisión del régimen de inversión de las Afores, las aseguradoras y otros inversionistas institucionales, para inducir al ahorro de los fondos de inversión para el retiro, y los demás portafolios de inversión, a una mayor canalización del ahorro hacia proyectos productivos en el país, a través del mercado de valores.

Iniciar un gran esfuerzo de desregulación, fortalecer con hechos el Estado de derecho, y atacar frontalmente la inseguridad y la corrupción.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.