Desaceleración, calificación soberana y competitividad
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Desaceleración, calificación soberana y competitividad

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Desaceleración, calificación soberana y competitividad

20/05/2019

El mayor riesgo que tiene nuestro país en materia económica es perder el grado de inversión en la deuda soberana. De rebajarse la calificación a grado especulativo se daría, en cuestión de nanosegundos, una estampida de inversionistas que tendrían que rematar sus posiciones mexicanas al precio que sea, generando una devaluación, y una fuerte depresión económica.

Los analistas de las calificadoras internacionales y nacionales han externado sus posiciones, que pueden ser muy preocupantes. Aquí exponemos los dos polos.

Por una parte Moody's, quien diferencia la calificación de Pemex, de la de la deuda soberana, afirma: “Los mensajes mixtos que ha mantenido el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, con miembros de su gabinete sobre las finanzas públicas, además de los desacuerdos y cambios de sus dichos y hechos, no corresponden a las características típicas de confiabilidad y claridad que tienen los emisores calificados con la nota “A3”, como la que tiene el país. Por un lado, el presidente hace un comentario. Por el otro, su equipo económico indica lo contrario, y nunca queda clara del todo la posición de México. Esto evidentemente se ha convertido en un factor de presión para la calificación soberana”.

“El plan de negocios de la petrolera será determinante para tener un escenario completo sobre el siguiente paso que se dará con respecto a la calificación soberana de México. La decisión presidencial de reorientar el negocio de Pemex a la refinación tendrá un impacto en las finanzas públicas y en el perfil crediticio de México. Esto será en la medida en que siga minando la confianza del mercado y conduzca a una mayor depresión de las inversiones”.

“Mantenemos nuestra preocupación por el conflicto en que se encuentra el compromiso de responsabilidad fiscal del presidente, por el cumplimiento de su ambiciosa agenda de inversión pública en infraestructura y en sus programas sociales. Esto en el contexto de menores expectativas de crecimiento económico y en la reversa de la ejecución de la reforma energética”.

Por su parte la calificadora Standard & Poor’s (S&P), quien mantiene la tesis de que Pemex y el Gobierno Federal son uno mismo, dijo que: “El anuncio que hizo el Gobierno (de ya no usar el Fondo de Estabilización de los Ingresos Petroleros para rescatar a Pemex), y el anuncio (de declarar desierta la licitación internacional de Dos Bocas) sobre el nuevo proyecto de la refinería, son neutrales con respecto a la calificación”. “Hemos identificado ciertos riesgos a la baja en la actividad económica, lo que también ejerce presión sobre la calificación soberana”. “Es prematuro tener un caso sólido para una baja de calificación en el futuro”.

Confirmando la preocupación generalizada respecto a la pérdida de dinamismo en nuestra economía, el consenso de las predicciones de los analistas económicos que arrojan diversas encuestas muestran constantes previsiones a la baja. El Banco de México apuntó en su comunicado de política monetaria de la semana pasada: “El entorno actual sigue presentando importantes riesgos de mediano y largo plazos que pudieran afectar las condiciones macroeconómicas del país... En este sentido, es particularmente importante que además de seguir una política monetaria prudente y firme, se impulse la adopción de medidas que propicien un ambiente de confianza y certidumbre para la inversión… En este contexto, es particularmente relevante que se cumplan las metas fiscales del Paquete Económico para 2019”. “La información oportuna sugiere que en el primer trimestre de 2019 se acentuó la debilidad que la economía mexicana había exhibido desde el trimestre previo... El balance de riesgos para el crecimiento se ha tornado más incierto y mantiene un sesgo a la baja”.

Es claro que a México le urge restablecer el clima de confianza y emprender un enorme esfuerzo para consolidar el Estado de derecho, mejorar los estándares en la educación, e incrementar la productividad y la competitividad de nuestro aparato productivo. En este último aspecto, Carlos Slim Helú ha insistido en la necesidad de crear un nuevo esquema de jornadas laborales para tener más productividad. Su propuesta consiste en laborar tres días a la semana con 11 horas diarias, pero con una jubilación hasta los 75 años. El atraso del país hace que valga la pena impulsar esta iniciativa. Es imperativo alejar la amenaza de perder el grado de inversión.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.