El autor es presidente de Bursamétrica .
En esta fase tan crítica por la que atraviesa la economía global y la nuestra, hemos visto que en el mundo los países han impulsado, además de medidas sanitarias radicales, políticas monetarias extremas junto a paquetes de disposiciones fiscales sin precedentes, que conjuntamente tratan de apoyar a las familias y a las empresas, con estos objetivos: paliar inmediatamente el daño que sufren individuos, familias y unidades productivas con el distanciamiento social, salvaguardar la fuentes de empleo y de riqueza, y propiciar una rápida recuperación de la actividad económica.
Siempre que suceden las crisis, en cualquier parte del mundo, la paradoja entre tener que rescatar o no a empresas o bancos con recursos fiscales, vuelve a estar presente. ¿Es función de los gobiernos o no? ¿Es ético o no? O ¿Cuándo sí debe hacerse un rescate con recursos fiscales y cuando no?
En México, alguien ya decidió por toda la sociedad, que la prioridad son los apoyos directos a los más pobres (economía clientelar) y continuar con la inversión de los muy escasos recursos públicos en los proyectos faraónicos insignia del sexenio. Y ya nos advirtieron que no va a haber rescates, ni incentivos fiscales, ni Fobaproas. Y menos a empresas grandes. Suena bien políticamente. En línea con el pensamiento de la 4T. Pero… ¿es lo racionalmente o éticamente correcto? De seguro habrá quien diga: "En un país con tanta desigualdad y con tan escasa recaudación fiscal, debe de ser así." Yo me haría una primera pregunta: ¿Esto debe de ser decisión del Presidente o debería discutirse en el Congreso?
No podemos permitirnos caer en el círculo vicioso de una recesión más profunda que nos lleve a una fuerte caída de la recaudación, y por lo tanto a la pérdida del grado de inversión, que encarecería el costo del dinero. El proyecto político de la 4T está en juego.
Este fin de semana, cuando usted lea estas líneas, ya habremos conocido las medidas del Programa Económico de Emergencia, que de seguro serán insuficientes. Muy chiquitas como todo lo que les rodea. Doy por hecho que nos van a volver a decir que no habrá rescates neoliberales para las grandes empresas.
Una pregunta que habría que plantearse es ¿por qué esta misma administración (y las anteriores) le han invertido cantidades extraordinarias de recursos públicos, una y otra vez, al rescate de las empresas del Estado, que han sido constantemente mal administradas? ¿Por qué estas entidades sí son rescatables y las otras no?
Entre los grandes grupos empresariales de nuestro país, todos sabemos cómo llegaron cada una a estas dimensiones. A veces fue con privilegios del Estado, otras veces con esfuerzo, visión de negocios, liderazgo y mucha perseverancia, a pesar de las piedras que siempre te pone el Estado y las circunstancias adversas. Además hay empresotas que provienen del capital que puso una sola persona. También hay otras empresas que nacen grandes porque su proyecto es en sí grande, y porque se les ha puesto mucho capital. Hoy en día ese capital puede provenir de diversas fuentes como fondos de capital privado, Afore, colocaciones públicas etcétera.
Es necesario decirle al Presidente que en la época del Desarrollo Estabilizador, que se supone es la guía de su 'pensamiento económico', era intrínseco en el modelo el rescate a las empresas que fracasaban a pesar del proteccionismo comercial y de la estabilidad de la que gozaban. Con el criterio de preservar los puestos de trabajo, el gobierno se quedó así con Altos Hornos; con Mexicana de Aviación; con Cananea; con el Banco Internacional, ahora HSBC; con bicicletas Bimex, etcétera, etcétera. A veces apoyaba al empresario, otras veces se quedaba con la empresa, salvaguardando las fuentes de riqueza y de empleo. Yo trabajé en los ochenta en Nafinsa y me tocó colaborar todavía en varios rescates, y también en las primeras privatizaciones.
Los rescates pueden ser un excelente negocio, por eso hay empresas y fondos que se dedican a eso. El rescate de Citigroup, General Motors, Morgan Stanley, UBS fue una magnífica oportunidad de negocio para el gobierno norteamericano y para los fondos soberanos de China, China Investments, Singapur, Temasek o de Emiratos Árabes (Autoridad de Inversiones de Abu Dabi). No siempre los rescates implican costos para la sociedad y los contribuyentes. El gobierno mexicano vendió la banca trece años después de su estatización en precios exorbitantes. En un promedio de 3.6 veces su valor en libros. (Continuará la próxima semana)