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Aramco y Pemex: dos ópticas diametralmente opuestas

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Aramco y Pemex: dos ópticas diametralmente opuestas

11/11/2019
columnista
Ernesto O'Farrill
Perspectiva Bursamétrica

A mediados de junio de 2016 el gobierno saudí desveló los detalles del Plan de Transformación Nacional (NTP, por sus siglas en inglés), que preveía generar 450 mil empleos en el sector privado del país árabe antes de 2020. La potencia económica de Oriente Medio quiere reducir su dependencia petrolera y ofrecer empleo y vivienda a millones de jóvenes locales.

En el Presupuesto de 2015 el Ejecutivo de esta monarquía del Golfo dedicó el 45 por ciento de las cuentas del Estado en 2015 al pago de salarios de los empleados públicos. Tal y como recoge el NTP, la intención es reducir dicho porcentaje hasta el 40 por ciento del Presupuesto total durante el periodo de referencia mencionado anteriormente.

Más de la mitad de los saudíes es menor de 25 años. Asimismo, la tasa de desempleo del conjunto de la población activa alcanza actualmente 11.7 por ciento. Para ayudar a paliar esta situación, varias medidas del plan van dirigidas a dotar de viviendas a miles de familias con bajos ingresos, según las mismas fuentes.

El marco económico fija, entre otros objetivos, el de aumentar en 366 mil millones de riales (unos 86 mil millones de euros) los ingresos de actividades no derivadas de la industria petrolera. Para alcanzar esta cifra, el país deberá incrementar el valor de las exportaciones no relacionadas con el crudo en 145 mil millones de riales (34 mil 400 millones de euros), y duplicar la inversión extranjera directa (IED) hasta alcanzar los 70 mil millones de riales (16 mil 600 millones de euros).

El déficit presupuestario nacional fue de casi 100 mil millones de dólares (88 mil 873 millones de euros) en 2015, debido a la caída de los precios del petróleo. Ante este desafío, el príncipe Mohammed bin Salman, hijo del rey Salman bin Abdelaziz, encabeza desde hace tres años los trabajos para diversificar la economía del reino. Fruto de estas gestiones es la estrategia Vision 2030 aprobada por el Ejecutivo local en abril de este año, y de la cual forma parte el NTP. Este conjunto de reformas prevé, entre otros puntos, la venta de una parte de la empresa petrolera estatal Saudi Aramco y la creación de uno de los mayores fondos soberanos de inversión mundiales. Arabia Saudí planea privatizar 11 aeropuertos hasta 2020.

La implementación de este plan requirió del arresto de 11 príncipes y decenas de ministros y antiguos secretarios de Estado en una operación anticorrupción sin precedentes en esa nación; entre las personas detenidas se encuentra el hermano del terrorista Bin Laden y el multimillonario Al Waleed bin Tala. Hasta el momento más de 200 personas han sido capturadas; se han congelado cuentas bancarias de los acusados, requisadas como propiedad del Estado, las Fuerzas de Seguridad han inmovilizado aviones privados en el aeropuerto de Yeda, la segunda ciudad más grande del Reino de Arabia Saudita. Asimismo, fueron despedidos el jefe de la Guardia Nacional y el de la Marina y el Ministro de Economía.

Los arrestos se producen después de que un decreto real estableciera una comisión anticorrupción encabezada por Mohamed bin Salman (MbS), príncipe heredero de 32 años que en un futuro próximo heredará el reinado de su padre Salman de 81 años. El objetivo de la comisión “es preservar la riqueza estatal y castigar a la gente corrupta”, la operación anticorrupción ha puesto al descubierto fraudes por 100 mil millones de dólares y malversación de recursos a lo largo de varias décadas. Se estima que la valuación de la empresa podría superar los 2 billones de dólares.

Aquí en México se pretende imponer un modelo económico nostálgico en el que Pemex vuelva a convertirse en la columna vertebral de la economía. El problema es que la empresa no está en condiciones de tomar ese papel, dado que hoy en día se encuentra sobreendeudada, con costos de operación sumamente altos, sin reservas de petróleo suficientes, sin la tecnología adecuada para la exploración en aguas profundas; con una serie de proyectos de inversión poco rentables; con un pasivo laboral que supera al resto de sus activos. A mi en lo personal si me gustaría ver a Pemex y a CFE como empresas fuertes, pero no veo que vayamos hacia esa meta. Veo más bien que vamos en sentido opuesto.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.