Y podría ser peor…
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Y podría ser peor…

03/04/2019
Actualización 03/04/2019 - 8:25

En su conferencia mañanera de ayer, el presidente López Obrador dijo que en las proyecciones económicas para este año y el siguiente que fueron entregadas al Congreso, la Secretaría de Hacienda se quedó corta.

“La proyección que presentó Hacienda al Congreso es un estimado prudente, conservador, para no contradecir a quienes están elaborando proyecciones de crecimiento, sobre todo para no contradecir al Banco de México”, fue su afirmación.

En el documento de Pre-Criterios de Política Económica, Hacienda explica el porqué de sus estimaciones, señala que se trata de cifras inerciales. “Estas estimaciones son inerciales en el sentido de que no consideran los efectos de la estrategia de desarrollo económico de la actual administración ni otros factores que pueden implicar un mayor crecimiento”.

Y refiere cuáles pueden ser algunos factores positivos: el empuje al consumo derivado de programas sociales y de inclusión financiera; el impulso a la inversión por los proyectos de infraestructura y la mayor inversión pública, y el incremento de las exportaciones por la reconfiguración de las cadenas de valor.

Llevamos poco tiempo, pero los datos disponibles hasta ahora no sustentan ninguno de estos probables efectos positivos.

Por ejemplo, el gasto en la actual Secretaría del Bienestar y en la del Trabajo, que manejan diversos programas sociales, cayó en 36 y 40 por ciento en los primeros dos meses del año. En ese mismo lapso, la inversión fija del sector público cayó en 5.6 por ciento. Y las exportaciones de febrero se desaceleraron y crecieron 3.4 por ciento.

Las cifras planteadas por Hacienda también pueden irse hacia abajo.

En el balance de riesgos son señalados los siguientes: mayor desaceleración de la producción industrial de EU; mayor volatilidad financiera internacional; incertidumbre política externa; mayor debilitamiento de la inversión privada; retraso en la ratificación del T-MEC en Estados Unidos; mayor deterioro en la calificación crediticia de Pemex.

Si asignáramos probabilidades, me temo que las que tienen sesgo negativo tienen un valor mayor que las que pueden producir un efecto positivo.

No es casualidad que las previsiones de los analistas privados ya están ligeramente por debajo de las estimaciones puntuales de Hacienda.

Hay algunos asuntos en los que el gobierno no puede incidir, pero en otros sí.

Uno de los que va a adquirir mayor intensidad en los siguientes días y semanas es la relación con EU.

Si México mantiene la misma posición que hoy tiene frente a Venezuela y si no toma medidas para regular la migración de centroamericanos a través de su territorio, me temo que el presidente Trump no va a invertir la energía necesaria en la ratificación del T-MEC.

Si llegamos al final del verano sin esa ratificación (dejando incluso de lado las bravatas respecto al cierre de la frontera), se nos va a volver a disparar el nerviosismo. El receso legislativo usualmente comienza en agosto, así que la clave es que en los próximos cuatro meses haya indicios claros de que el T-MEC tendrá luz verde.

El problema es que, por ahora, pareciera que particularmente en el caso de Venezuela, al gobierno mexicano no parece preocuparle su alineación con Maduro, con todas las consecuencias que ello puede tener.

Tiene razón AMLO, un enfrentamiento con Trump puede tener graves consecuencias, pero no parece actuar para prevenirlo.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.