Y, después del estancamiento, ¿qué?
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Y, después del estancamiento, ¿qué?

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Y, después del estancamiento, ¿qué?

31/10/2019
Actualización 31/10/2019 - 8:04

No hubo sorpresa. Los datos que ayer por la mañana ofreció el Inegi confirman el estancamiento que padece la economía mexicana, que en los primeros nueve meses del año tuvo cero crecimiento.

Si nos ponemos optimistas y pensamos que en el cuarto trimestre tendremos un crecimiento de 0.7 por ciento –por ejemplo–, el resultado del año completo será de 0.2 por ciento.

Si nos ponemos pesimistas y proyectamos una caída como la del tercer trimestre, el saldo sería -0.1 por ciento.

Si no hay grandes sorpresas terminaremos 2019 en ese rango y pronto veremos que la mayor parte de los analistas ajustan sus expectativas a esos niveles.

Lo importante realmente ya no es 2019, es 2020.

También para el próximo año hay contrastes.

Por un lado, se encuentran quienes piensan que las cosas se van a poner peor.

El argumento es que, si la economía ha caído fundamentalmente por la desconfianza en las políticas del gobierno, no se ve en el horizonte la posibilidad de que resurja la confianza.

Por otro lado, están quienes piensan que la falta de crecimiento económico derivó del proceso de adaptación que las inversiones presentan durante el primer año de gobierno, y suponen que esto va a cambiar en 2020.

Mi opinión es que no hay garantía de que el desempeño de la economía vaya a ser mejor el próximo año, pero pueden darse condiciones que así lo propicien.

Le enumero tres.

1.- La ratificación del TMEC. Si en medio de todo el ruido político, logra darse un acuerdo para que el Congreso de EU ratifique el nuevo tratado comercial, puede haber una recuperación de las inversiones. Es notorio que, en Estados Unidos, el líder de la central sindical más poderosa, AFL-CIO, Richard Trumka, está haciendo campaña para evitar la ratificación hasta que no se cumplan algunas exigencias poco viables. Del otro lado, la representante Cheri Bustos, presidenta del Comité de Campaña de los demócratas en el Congreso, está empujando por la ratificación pronta y sin demasiadas exigencias, para apuntalar la posición competitiva del Partido Demócrata. Veremos cómo va la política que hoy tiene un episodio importante respecto al impeachment.

2.- El programa de infraestructura. Ya se ha hablado por muchas semanas de este catálogo de proyectos de infraestructura que pueden catapultar la inversión, pero no se anuncia. Un aspecto positivo es que hayan comenzado las licitaciones que van a ir contra el presupuesto del próximo año. Pero falta una hoja de ruta de más aliento si se quiere cambiar el ánimo.

3.- Una realineación de la política en materia de energía. Tendría que rectificarse el tema de los Certificados de Energía Limpia (CEL) que esta semana volvió a propiciar incertidumbre entre el sector privado, pero además debería considerarse de nuevo los ‘farmouts’ o las rondas. Eso sería un gran aliento para la inversión privada.

Hay muchos otros detalles en los que se puede avanzar, pero los enumerados podrían inducir un cambio de ánimo, que es lo que hoy hace más falta.

Si ese cambio no se diera, el escenario optimista de 2020 sería tener otro año como el actual, y el escenario pesimista sería irnos aún más abajo.

El dilema del gobierno de AMLO es muy claro.

Tiene la opción de encauzar la economía a la senda del crecimiento o, bien, tener el peor arranque de sexenio, al menos desde Vicente Fox.

Veremos por cuál camino elige ir.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.