¿Viene una tormenta de desconfianza?
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¿Viene una tormenta de desconfianza?

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¿Viene una tormenta de desconfianza?

23/10/2018

Soplan vientos de preocupación en los mercados financieros en México y ello ha contribuido a que el tipo de cambio al mayoreo se haya colocado por la tarde de ayer en 19.41 pesos, la cotización más elevada desde el pasado 6 de septiembre.

En reportes de bancos, consultores y diversos analistas se han puesto sobre la mesa una serie de preocupaciones. Destacan el tema del aeropuerto, el de la política de hidrocarburos y los temas fiscales.

En el caso del aeropuerto, se percibe la inminencia de que la consulta a realizarse a partir del jueves próximo legitime la decisión de cancelar el proyecto que se lleva a cabo en Texcoco.

Al margen del elevado costo de la cancelación, del impacto en el desarrollo del país y del efecto en el ánimo de los inversionistas en general, hay obligaciones específicas derivadas de los bonos emitidos por el Grupo Aeroportuario de la Ciudad de México, que estarían en riesgo.

El respaldo a esos papeles fueron los ingresos futuros derivados de la TUA. El problema es que, si el tráfico aéreo no crece en función de los supuestos usados en la colocación de los bonos, es probable que los ingresos de la TUA no alcancen para pagar el interés y los bonos a su vencimiento y además, deje ingresos para la operación del aeropuerto.

En el caso de Pemex, ya comentamos que un cuadro en el que se destinan recursos a proyectos cuyo resultado es incierto en el volumen de ingresos que va a dejar y las fechas en que se van a producir, como el de la construcción de la refinería o la rehabilitación de las existentes, se percibe el riesgo de un mayor deterioro en la situación financiera de la empresa.

Y el otro factor es la duda de que realmente se pueda presentar un paquete económico para 2019, que no implique un mayor déficit. Las dudas han surgido de los anuncios de inversiones o programas sociales y al mismo tiempo la pérdida de ingresos por anuncios como la reducción del IVA e ISR en la frontera o la posibilidad de quitar el IEPS a las gasolinas.

A estos factores domésticos, deben sumarse los que surgen del entorno internacional y que crean un ambiente en el que habrá tasas de interés más elevadas y mayores riesgos de recesión.

Ya hemos comentado en este espacio en varias ocasiones que, dentro del equipo de transición, hay diversos integrantes que consideran que la opinión de los mercados o de quienes forman parte de su tejido institucional, como las calificadoras, es algo irrelevante.

Pero también hay quienes saben con toda certeza las consecuencias de que estos aires de nerviosismo financiero vayan a convertirse en tormentas.

No hay que ser expertos para saber que el aspecto clave de los días inmediatos será el resultado de la consulta sobre el nuevo aeropuerto.

Como le he comentado, no tengo duda de que la votación va a favorecer a Santa Lucía.

Si de ese resultado, como lo ha dicho, AMLO deriva la cancelación del proyecto de Texcoco, es probable que veamos en el tipo de cambio el primer signo visible de nerviosismo.

No descarte usted que el próximo lunes veamos un dólar por arriba de 20 pesos, como respuesta de los inversionistas a la inquietud que derivaría de la cancelación del proyecto de Texcoco y al significado de ese hecho.

Un gobierno de mano alzada, en donde en asambleas y consultas a modo, legitiman decisiones tomadas desde arriba, puede ser el peor de los futuros que podamos visualizar.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.