¿Se pueden contar las cosas positivas?
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¿Se pueden contar las cosas positivas?

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¿Se pueden contar las cosas positivas?

15/02/2018
Actualización 15/02/2018 - 8:19

Este lunes, el presidente Peña volvió a poner sobre la mesa algo que ya había comentado en otras ocasiones: no hay un reconocimiento de resultados positivos de su gestión.

“Soy el primero en reconocer rezagos, pero también el primero en demandar de manera comedida a la población que sepamos reconocer esos avances, logros y beneficios que se han venido obteniendo”, dijo textualmente.

Y se preguntó también: “¿cómo hacer posible que se asimilen los logros y podamos desterrar lo que algunos llaman este irracional enojo social?”.

¿Cuál es el estado de ánimo de la sociedad?

Una de las pocas estadísticas que nos permiten dar el seguimiento cercano a ese estado de ánimo fue lanzada hace algunas semanas por el Inegi y es la que permite obtener una medición del estado de ánimo de los tuiteros.

El índice empezó a calcularse en 2016 a través de un cociente entre los tuits que revelan un estado de ánimo positivo entre aquellos que corresponden a uno negativo.

De este modo, mientras más elevado sea el valor, hay un ánimo más positivo, y viceversa.

En el periodo para el que hay estadística, el punto en el que fue más favorable el ánimo fue en febrero de 2016, con un valor de 2.48. Y el peor momento fue septiembre del año pasado, cuando ese índice fue de 1.88.

El promedio que llevamos en febrero es de 2.08 y aunque ha subido un poco, está todavía por debajo de todas las observaciones previas a agosto del año pasado.

En otras palabras, en efecto, no andamos de buenas.

Pero, hay muchos contrastes en el país. En Quintana Roo, pese a la inseguridad, el índice es actualmente de 3.46, el más alto a escala nacional, mientras que en el otro extremo del territorio, en Sonora, es de 1.51, el más bajo en el país.

Más allá del estado de ánimo deteriorado, según revela este índice del Inegi, hay una historia detrás de la falta de credibilidad de las “buenas noticias” generadas por el gobierno.

De acuerdo con Consulta Mitofsky, el nivel de aprobación más elevado con el gobierno ocurrió en mayo de 2013, cuando 57 por ciento estaba a favor y 38 por ciento en contra.

Luego hubo una etapa de división de opiniones, que se prolongó hasta el tercer trimestre de 2014. Y luego hubo un punto de quiebre asociado a episodios como Ayotzinapa o la ‘casa blanca’. Ya en noviembre de 2014, la aprobación había bajado a 41 y la desaprobación crecido a 57 por ciento.

El peor momento vino en febrero del año pasado, luego de la llegada de Trump, y aunque hubo una recuperación, el nivel de aprobación de la última lectura de Consulta Mitofsky estuvo en 26 por ciento.

Aun en los casos de gobiernos que tienen altos índices de aceptación, tienden a existir dudas respecto a la información que emiten, pues hay la sensación de que se convierte en propaganda. Esto se acentúa en los gobiernos con menores índices de aprobación.

Y, es obvio, como el presidente Peña lo implicó en sus comentarios del lunes pasado, que no ha existido una estrategia de comunicación que haya funcionado.

Más allá de todas las estrategias, no se ha entendido que cuando uno habla bien de sí mismo, de modo natural hay reserva a creerlo.

Los hechos positivos del país, para tener credibilidad, deben ser dados a conocer y explicados por terceros imparciales y deben ser puestos en contexto con los hechos negativos que existen y no pueden ocultarse.

Sólo así lo positivo adquiere credibilidad.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.