Se perdieron ya 90 mil millones de dólares
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Se perdieron ya 90 mil millones de dólares

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Se perdieron ya 90 mil millones de dólares

26/11/2018

Era el lunes 27 de agosto, a casi dos meses de las elecciones. La transición se estaba presentando excepcionalmente tersa. Y, en esa fecha, además, se anunció el acuerdo en principio entre el gobierno de México y el de Estados Unidos en materia comercial.

El optimismo prevalecía en los mercados financieros. El índice de la Bolsa Mexicana de Valores llegó a 50 mil 416 puntos y el dólar se cotizaba en 18.76 pesos.

La historia cambió en los siguientes meses.

El vienes pasado, el índice de la Bolsa cerró en 41 mil 144 puntos, una caída de 18.4 por ciento respecto a finales de agosto. El dólar, en el mercado interbancario cerró en 20.43 pesos el viernes por la tarde, lo que implica un alza de un peso con 67 centavos, equivalente a 8.9 por ciento en poco menos de tres meses.

La pérdida de valor de las empresas listadas en la Bolsa para ese lapso alcanza en números redondos el equivalente a ¡90 mil millones de dólares!, o algo así como 1.8 billones de pesos.

¿Qué es lo están viendo los mercados financieros que han cambiado radicalmente de comportamiento en un trimestre?

Han visto señales de lo que puede ser el desempeño del nuevo gobierno que no les han gustado y que generaron dudas.

Las dudas comenzaron con el tema del nuevo aeropuerto, pero luego se han sucedido asuntos como las propuestas en materia de comisiones bancarias, las minas y las Afore, sólo por citar algunos temas.

El comportamiento de los mercados bursátiles usualmente tiene que ver con las expectativas económicas y no con el desempeño presente. Se compra en función del futuro y no de lo que sucede hoy.

El último desplome importante del mercado ocurrió en los primeros meses de 2013, al arrancar el gobierno de Peña Nieto, cuando el mercado cayó en 16 por ciento, en una etapa en la que el gasto público se contrajo fuertemente.

Tal vez usted pudiera pensar que los movimientos de la Bolsa, el dólar o las tasas de interés afectan a la gente que tiene mucho dinero o a las empresas muy grandes.

La realidad es que también afecta fuertemente a la clase media y a los más pobres.

Las razones son diversas. Tasas más altas implican una menor actividad económica y eso va a repercutir en una menor creación de empleos. Un dólar más caro, en una economía en la que importamos una gran cantidad de productos de consumo, implica que las cosas nos van a costar más. Ya no se diga las minusvalías que las tasas más elevadas ya causaron al ahorro de las Afore.

¿Tiene remedio esta circunstancia? Desde luego que sí. La medicina se llama: confianza.

El problema en el equipo del gobierno de transición es que mientras hay quien trata de construirla, dando garantías a los empresarios e inversionistas de que habrá una gestión económica sensata a partir del 1 de diciembre, hay otros que la destruyen con iniciativas de ley y declaraciones, que amenazan la estabilidad económica.

Eso ha sido lo que ha ocurrido en los últimos meses y existe la percepción de que podríamos tener un gobierno errático, en el que no puede confiarse, porque más allá de las decisiones que tome, se enfrentará a un Poder Legislativo y a movimientos sociales que son capaces de desencadenar propuestas imprevisibles.

Ojalá con el arranque del nuevo sexenio el próximo sábado llegue el orden y la cordura que caracterizó a los primeros días posteriores a la elección vuelva a ser la nota característica del nuevo gobierno.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.