¿Podrá AMLO ‘despertar’ la inversión?
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¿Podrá AMLO ‘despertar’ la inversión?

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¿Podrá AMLO ‘despertar’ la inversión?

31/07/2018
Actualización 31/07/2018 - 7:57

En los últimos 17 años la inversión productiva en México creció a la miserable tasa promedio de 2.0 por ciento al año.

Si lo ponemos en términos per cápita, el crecimiento es inferior a 1.0 por ciento al año.

Este es el fondo real del bajo crecimiento que ha tenido la economía mexicana en las últimas dos décadas.

En la enseñanza elemental de la economía se muestra que el factor determinante de la dinámica del PIB es la inversión, porque el otro gran componente de la demanda en la economía, el consumo, tiende a tener un comportamiento más estable.

En países como México, la inversión tiene dos ingredientes: el privado y el público.

Actualmente, 84.8 por ciento de la inversión total proviene del sector privado, mientras que el restante 15.2 por ciento viene del sector público.

En ese lapso de 17 años que viene desde principios de este siglo, la inversión privada creció a un ritmo de 2.1 por ciento al año, mientras que la inversión pública lo hizo a una tasa de 1.4 por ciento.

Es decir, que, en términos de la contribución al crecimiento de la inversión total, 88 por ciento se explica por el crecimiento de la inversión privada y apenas 12 por ciento por el aumento de la inversión pública.

Los datos anteriores son del Inegi y corresponden a las cifras de las Cuentas Nacionales, por lo que en la inversión pública se cuentan tanto los datos del gobierno federal como de los gobiernos estatales y municipales.

Sin embargo, la mayor parte de esa inversión corresponde al gobierno federal.

Una de las explicaciones de esta caída del dinamismo de la inversión pública deriva del cambio en la composición del gasto público.

En 1994 la inversión pública federal representaba 14.6 por ciento del gasto neto total. En el primer semestre de este año, este porcentaje fue de 11.3 por ciento. Aunque pareciera que la reducción no es mucha, esos 3.3 puntos de diferencia, significan en términos absolutos 92 mil millones de pesos para el primer semestre de este año.

Es decir, tan sólo con mantener las proporciones que existían cuando entró en vigor el TLCAN, hoy la inversión pública sería superior en 29 por ciento a la que se realizó en los primeros seis meses del año.

El gobierno federal, sobre todo en este siglo, tomó la determinación de realizar una mayor asignación de recursos al gasto social, bajo la hipótesis de que la inversión no realizada por el gobierno habría de hacerla el sector privado.

La realidad es que ha fallado esta sustitución, por lo menos en términos de las magnitudes que se requieren para obtener el crecimiento que necesitamos.

El gobierno ha sido un inversionista insuficiente e ineficiente, y el sector privado no le entró a todos los proyectos de infraestructura que debieron haberse realizado.

AMLO ha dicho que pretende alcanzar un crecimiento promedio de 4.0 por ciento en su sexenio. Para que esta cifra sea viable, se requieren ritmos de inversión de 6.0 por ciento o superiores, en el promedio.

¿Habrá la estrategia para incrementar la participación relativa de la inversión pública y la atracción suficiente a la inversión privada?

Aún no está claro.

Si se adoptan políticas pragmáticas, que le apunten al crecimiento en primera instancia más que tener una visión ideológica, esto es posible. Si prevalece la ideología, esa meta será pura fantasía.

En el sector energético las señales no son positivas. Veremos qué ocurre en otros ámbitos durante los siguientes meses.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.