Nuestro crónico estancamiento
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Nuestro crónico estancamiento

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Nuestro crónico estancamiento

31/01/2019
Actualización 31/01/2019 - 8:02

Ayer corroboramos que uno de los grandes problemas de la economía mexicana es que no crecemos.

El Inegi dio a conocer las cifras adelantadas del PIB del último trimestre del 2018, periodo en el que registró un crecimiento de 1.9 por ciento.

De esta manera, para todo el 2018, el registro es de 2.0 por ciento.

Con esta información ya podemos calcular que para el sexenio de Enrique Peña la economía creció a una tasa promedio de 2.4 por ciento al año.

Cuando ajustamos los ritmos de crecimiento en términos per cápita, podemos constatar el virtual estancamiento que hemos tenido en la economía por muchos años.

Permítame hacer un poco de historia.

Durante el sexenio de Zedillo, el PIB per cápita tuvo un crecimiento anual promedio de 1.8 por ciento. Luego, en el de Vicente Fox el registro fue de 0.7 por ciento. La tasa bajó 0.4 por ciento en el sexenio de Calderón y registró 1.1 por ciento en la administración de EPN.

Si consideramos completo el lapso que va de 1994 a 2018, la tasa media es de apenas 0.9 por ciento anual promedio para el PIB por habitante.

Para una economía emergente, esto es ni más ni menos que estancamiento.

Aún la economía más grande del mundo, Estados Unidos, registró un crecimiento promedio per cápita de 1.5 por ciento para un lapso semejante.

Los dos países más poblados del orbe, China e India, tuvieron un crecimiento per cápita de 8.1 y 5.2 por ciento respectivamente, en el mismo lapso.

En América Latina, tampoco destacamos. Argentina tuvo un crecimiento por habitante semejante al nuestro en el periodo señalado. Brasil alcanzó el 1.0 por ciento y Colombia logró el 2.0 por ciento.

Si nos comparamos con el pasado, en los 24 años que antecedieron a 1994 (a partir de 1970) el ritmo promedio anual del crecimiento por persona fue de 1.4 por ciento.

Y si nos vamos todavía a los 24 años anteriores, de 1946 a 1970, esa tasa fue de 2.9 por ciento.

Sea contra otros países en el presente o contra nosotros mismos en el pasado, medida en crecimiento por persona, la economía mexicana ha tenido un desempeño pobre en las últimas décadas.

Las reformas estructurales no lograron resolver el problema; no viene con la apertura de la economía (el llamado neoliberalismo), ni tampoco es algo que venga de la etapa de alto intervencionismo del Estado.

Tiene que ver con nuestros arreglos sociales e institucionales: con un sistema fiscal débil que ha erosionado la inversión pública; con una pérdida de la capacidad de recaudación local; con la exclusión de la inversión en muchas entidades; con una profunda desigualdad económica, social y regional; con una muy limitada movilidad social; sí, también con la corrupción como problema social.

Así como las reformas estructurales no recuperaron la capacidad de crecimiento, ni la austeridad y el combate a la corrupción lo van a hacer.

Se necesita reformular el pacto social.

Como nunca antes otro gobierno en la era moderna, el de AMLO -por la legitimidad que obtuvo en las elecciones- tiene la capacidad para hacerlo.

Eso pasa por saber escuchar a la sociedad, a la de aquí y la de afuera, lo que lamentablemente no pareciera estar sucediendo.

Ojalá haya capacidad de rectificar porque si no, este periodo será otra oportunidad perdida, y si así sucede, los problemas económicos y sociales que padecemos van a ser lastres que nos van a hundir cada vez más.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.