Coordenadas

Nos pegó una sorpresiva inflación

La inflación no se ha disparado ni en México ni en otros lugares porque la demanda sigue muy débil, pero del lado de los costos sí hay presiones.

El Inegi nos dio a conocer ayer que la inflación se disparó más allá de los pronósticos y terminó la primera quincena de marzo con un incremento de 0.53 por ciento solo para esas dos semanas.

Para encontrar una primera quincena de marzo con un incremento superior al registrado en este año, hay que retroceder hasta 1998, es decir, hace 23 años, lo que refleja lo inédito de los incrementos que se registraron y que llevaron la cifra anual a 4.12 por ciento.

¿Por qué hubo este incremento? ¿Indica una tendencia que vaya más allá del corto plazo? ¿Qué consecuencias puede tener?

Como ha ocurrido a lo largo de este año, se han conjugado presiones reflejadas en los precios de los energéticos, en los alimentos y en algunas materias primas, principalmente.

El caso más comentado es el del precio de las gasolinas. La medición hecha por el Inegi revela que en lo que va del año (hasta el corte de la primera quincena de este mes) la gasolina regular o de bajo octanaje, que muchos conocen como Magna, aumentó su precio en 11.9 por ciento.

En los últimos doce meses, sin embargo, el incremento es más leve, de solo 2.83 por ciento, por abajo del promedio de la inflación.

La razón es que, hasta noviembre, el precio de las gasolinas había bajado en 10.3 por ciento el año pasado. Y, a partir de esa fecha comenzó a subir de manera importante su precio por efecto de los incrementos que también se produjeron en el mercado norteamericano, de donde importamos la mayoría de los combustibles.

En el caso del gas LP, el incremento en lo que va de este año ha sido aún más fuerte, pues acumula ya casi 18 por ciento.

Pero, a diferencia de la gasolina, el gas LP sí ha venido arrastrando alzas desde el año pasado. El incremento de los últimos 12 meses es de 36 por ciento.

En el caso del gas LP, más allá de incrementos de costos, se presume también manipulación de precios, al punto que la semana pasada la Comisión Federal de Competencia Económica (Cofece) comenzó una investigación al respecto.

Las alzas, sin embargo, no fueron solamente en los energéticos. También están los alimentos.

Las tortillas, alimento fundamental en la dieta mexicana, subieron 3.5 por ciento en los dos meses y medio que llevamos en este año, y el huevo lo hizo en 3.7 por ciento.

Los alimentos tienen fluctuaciones estacionales, pero, por ejemplo, en el caso del maíz, en el mercado internacional el precio del cereal se ha incrementado 46 por ciento en dólares durante los últimos doce meses.

En el caso de la soya, que es un ingrediente crítico en forrajes para el ganado, el alza en el mismo periodo es de 68 por ciento.

Agregue usted a eso los incrementos de productos minerales y otras materias primas. El algodón, por ejemplo, ya subió 45 por ciento y el cobre 86 por ciento, por referir solo un par de ejemplos.

La inflación no se ha disparado ni en México ni en otros lugares porque la demanda sigue muy débil, pero del lado de los costos sí hay presiones.

El hecho de que en Estados Unidos se anticipe un fuerte crecimiento de la demanda tras el nuevo paquete de rescate de Biden es lo que tiene nerviosos a los mercados y a algunos economistas, como el exsecretario del Tesoro de EU, Larry Summers, que ya la semana pasada lanzó un auténtico SOS, advirtiendo de los riesgos en los que se incurre con un paquete tan agresivo como el aprobado por Biden.

Lo cierto es que estamos en lo que algunos denominan 'terra incógnita', pues vivimos condiciones inéditas que hacen muy complicado predecir con cierto margen de certeza lo que pueda venir.

Por lo pronto, ya nos sorprendió la reciente inflación en México.

Consulta más columnas en nuestra versión impresa, la cual puedes desplegar dando clic aquí

COLUMNAS ANTERIORES

Hello Kamala… and Good Bye!
Para las próximas elecciones, ¡hay tiro!

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.