Nos hace falta el centro
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Nos hace falta el centro

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Nos hace falta el centro

23/01/2019
Actualización 23/01/2019 - 8:22

En varias ocasiones le he señalado que uno de los atributos del presidente López Obrador es que polariza.

Por eso ganó como ganó. Porque logró que 30 millones de electores lo vieran como la opción a la corrupción e inacción de gobiernos anteriores.

La historia del país y el curso de los próximos años hubiera sido completamente diferente si López Obrador hubiera ganado con un porcentaje menor, que no le hubiera dado la mayoría absoluta en el Congreso.

Las decisiones de su gobierno hubieran tenido que negociarse y llegar a consensos. Tal vez hubiéramos tenido el mismo impulso transformador que hoy existe, pero moderado por la necesidad de llegar a acuerdos.

Sin embargo, las acciones del expresidente Peña, del PAN, del PRD, del PRI, y de sus candidatos, le pusieron la mesa para que AMLO ganara como ganó.

Y, hoy, con una oposición completamente borrada y sin necesidad de buscar consensos, tiene todos los márgenes de maniobra para hacer su voluntad.

Pareciera a veces que la principal oposición… ¡está en Morena!

Partidos políticos aparte, en la sociedad nos encontramos en un entorno en el que parecieran existir sólo dos opciones.

Los críticos de AMLO consideran que, si uno no lo ataca y no lo considera el peor presidente de la historia, se convierte en un apologista y aliado de una dictadura en ciernes.

Y los que respaldan a López Obrador piensan que si uno no manifiesta un apoyo abierto y lo critica con mesura, entonces hace el juego a la reacción y a las mafias del poder.

Uno se puede quedar solo, aborrecido por buena parte del espectro político, si intenta mantener un punto de vista alejado del partidismo y tratando de encontrar los puntos buenos y malos del gobierno.

Ese es el tono de la opinión pública. Blancos y negros. No hay grises.

Las sociedades democráticas modernas en buena medida requieren de un centro político fuerte y capaz de influir.

Y no se trata de no comprometerse, sino de ser equilibrado y diferenciado en los juicios.

Por ejemplo, se trata de criticar duramente la cancelación del aeropuerto, que tendrá graves costos y grandes implicaciones. Pero también de ponderar el gran esfuerzo de mantener unas finanzas públicas sanas. Igualmente, cuestionar la improvisación de acciones en el combate al huachicol, pero valorar la determinación de un gobierno que por primera vez está tomando acciones frontales contra esta mafia.

Podría sumar los claroscuros de la nueva administración, que como todas y más aún en una que quiere cambiar las cosas, va a acertar en algunas y se va a equivocar en otras.

Pero, si usted quiere criticar puede hacerlo hasta en el arreglo personal del presidente. O si quiere respaldarlo, puede ver intentos de sabotaje hasta en los comentarios de café.

Hagamos el esfuerzo de ponderar y evaluar antes de tomar partido. No es lo mismo cuestionarlo por la forma de hablar que por las implicaciones de sus decisiones. O respaldarlo porque se levanta temprano o por la decisión de cambiar el régimen.

Y a veces parece que todo se pone en el mismo costal.

¿Tendremos la madurez para juzgar en lugar de prejuzgar?

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.