La preocupación: gobierno a mano alzada
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La preocupación: gobierno a mano alzada

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La preocupación: gobierno a mano alzada

30/10/2018

No hay ninguna diferencia sustantiva entre la consulta que permitió a AMLO respaldar su decisión de cancelar el proyecto del nuevo aeropuerto en Texcoco (NAIM) y las ‘asambleas’ que realizaba en las que consultaba a los asistentes y tomaba decisiones.

El domingo 30 de julio de 2006 se realizó una de las más célebres. Los contingentes concentrados en el Zócalo votaron a favor de realizar un plantón en esa plaza, así como en Paseo de la Reforma, para protestar por el presunto fraude electoral.

Igual que en aquella ocasión, en la que AMLO ya tenía la decisión tomada y buscó legitimidad con la aprobación de los asistentes, así, todo indica que desde hace tiempo había optado por la cancelación del proyecto de Texcoco y buscó cómo legitimar la decisión.

La preocupación que ayer golpeó a los mercados financieros, los que perdieron, como no había ocurrido desde el triunfo de Trump, no es la cancelación del aeropuerto en sí misma.

Sí, se trata de un proyecto importante, pero que por sí solo no mueve la economía del país.

Lo que preocupa más a inversionistas y empresarios es el método de legitimar decisiones.

López Obrador podrá decir que la decisión fue del pueblo y no de él. Punto.

Por eso, la IP anunció que no se quedará con los brazos cruzados.

Que si el millón de personas representa apenas poco más del 1 por ciento de quienes tenían derecho a votar, es algo irrelevante. Que si la consulta careció de rigor y controles, no importa. Así como tampoco importó hace 12 años que sólo algunas decenas de miles alzaran la mano para validar el plantón.

Un presidente que toma decisiones por sí mismo y se hace responsable de ellas, es alguien con quien se puede discutir porque el criterio de las decisiones es la racionalidad.

Un primer mandatario que responsabiliza de las decisiones al pueblo, es alguien que no va a incorporar la racionalidad en sus determinaciones, pues él es exclusivamente ‘instrumento del pueblo’, que es bueno y sabio.

¿Qué decisiones pueden tomarse, investido por el poder del pueblo? Las que sean. Siempre van a tener la garantía de que ese ente denominado “el pueblo”, las respalde.

Las democracias electorales como la que se ha tratado de construir en México en los últimos 40 años más o menos, cambian el concepto de pueblo por el de electorado y sustentan las decisiones en los procesos de votación, universal, directa y secreta.

Lo que preocupa a los empresarios e inversionistas es que la Cuarta Transformación en realidad sea la de la democracia electoral para convertirla en una democracia participativa, de asamblea y consulta popular como la que vimos.

Bajo ese sistema, un caudillo o un líder político carismático, que ha logrado concentrar el enojo de la población con la corrupción y la inseguridad, puede tomar decisiones que concentren el poder en su mano con la legitimidad que da el presunto respaldo del pueblo.

Eso implica desmontar gradualmente la estructura institucional que se ha diseñado en las últimas décadas en México.

Por eso, tiene razón AMLO, no es un cambio de gobierno sino de régimen.

Más allá de la preocupación de fondo, el efecto económico que ayer se produjo implicó que las empresas mexicanas cuyas acciones se derrumbaron, perdieron un valor de mercado de 17 mil 500 millones de dólares aproximadamente, es decir, casi tres veces el monto de los bonos internacionales colocados para financiar el NAIM.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.