Es comienzo de época, no fin de sexenio
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Es comienzo de época, no fin de sexenio

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Es comienzo de época, no fin de sexenio

30/11/2018
Actualización 30/11/2018 - 8:21

Hoy, no es sólo el último día del sexenio, sino también es el último de un ciclo largo en el que hubo una visión sobre la economía y sobre la gestión del gobierno.

No se trata del fin de la estabilidad ni de la disciplina financiera, pero sí el término de un ciclo en el cual los gobiernos se orientaron a dar preminencia a los mercados por encima de las políticas públicas.

Algunos caracterizan simplistamente a esta etapa como 'neoliberal'. Más allá de que no sea la denominación correcta, pues ninguno de los gobiernos que hubo fue plenamente liberal en sus políticas, sí da una idea de valores compartidos por más de una administración.

Tal vez un punto de quiebre que marcó el arranque de esta fase fue la entrada de México al GATT, que ocurrió en julio de 1986. Más o menos a la par, arrancó un proceso de privatizaciones y de apertura comercial, así como un agresivo programa de estabilización ante el escenario de hiperinflación que se vivió.

Fue la última fase del gobierno de De la Madrid, y los gobiernos de Salinas, Zedillo, Fox, Calderón y Peña.

El mundo y el país cambiaron en este periodo de poco más de 32 años.

El Brexit, el triunfo de Trump, el de Bolsonaro en Brasil o el de AMLO en México, por poner sólo algunos casos, son parte de un fenómeno profundo, que es la insatisfacción de las poblaciones con los resultados del proceso de apertura y globalización.

Aunque haya particularidades en cada caso, hay un elemento común de fondo.

Pero, a diferencia de lo que algunos piensan, no se trata de un regreso a los tiempos de la irresponsabilidad fiscal, que se vivieron en México entre 1971 y 1982.

Tampoco a la etapa de las economías cerradas, los mercados cautivos o los sistemas financieros sin apertura.

Lo que vamos a vivir es un mundo diferente, en el que van a prevalecer aspectos irreversibles que se configuraron en las últimas tres décadas, pero en donde habrá circunstancias nuevas.

Tendremos un Estado cuyas finanzas se van a mantener esencialmente ordenadas –esa es la promesa– pero que va a ser mucho más activo económicamente, no a través de regulaciones sino directamente a través de las empresas estatales o de la banca de desarrollo.

Va a existir una muy fuerte orientación al apoyo de las Pymes más que en el respaldo a las grandes empresas y se va a tener una política industrial orientada a la construcción de cadenas internas de valor.

No le describo con detalle esas novedades que no van a ser el regreso a la era de López Portillo y Echeverría, como algunos sugieren.

En la política también habrá cambios importantes. La encuesta publicada por El Financiero muestra que los partidos tradicionales están en franca retirada, convertidos en marginales. Y aunque Morena domina las intenciones de voto abrumadoramente, no ha logrado generar identidad partidista. Eso abre un escenario completamente nuevo y diferente que eventualmente puede dar pie a nuevas formaciones políticas o al surgimiento de figuras individuales y carismáticas.

No estamos hoy en el cierre de un sexenio, sino en el fin de una era de por lo menos tres décadas, que no significa un imposible retorno al pasado sino la reinvención de modelos económicos y del sistema político que existe en el país.

La ruta no será lineal y habrá ajustes y trastornos, como en todos lo cambios relevantes.

Más vale que así lo asumamos.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.