En busca del crecimiento perdido
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En busca del crecimiento perdido

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En busca del crecimiento perdido

13/09/2019

Si se hace un análisis meticuloso del documento Criterios de Política Económica 2020, se pueden encontrar dos escenarios de crecimiento del PIB para este sexenio.

Por un lado, se encuentra el 'crecimiento inercial' y por otro un crecimiento deseado, supuestamente producto de los cambios que empujen el PIB durante este sexenio.

En la página 112 del documento aparece el escenario macroeconómico derivado de la trayectoria inercial. El crecimiento del 2020, bajo este escenario, es el que estableció en el Presupuesto, calculado en un promedio de 2 por ciento.

Del próximo año hasta el fin del sexenio, el crecimiento del PIB iría aumentando gradualmente hasta llegar a 2.7 por ciento en el 2024.

Es decir, el crecimiento anual promedio del sexenio, bajo este escenario, sería de 2.1 por ciento, muy parecido a lo que hemos observado a lo largo de todo este siglo.

Sin embargo, hay otro escenario, que supone que dan resultado las estrategias de crecimiento y que, por lo mismo, del 2 por ciento estimado para el próximo, se llega hasta un 4 por ciento para el cierre del sexenio.

¿Qué factores son los que supone Hacienda para que el crecimiento puede alcanzar esa tasa?

Asómbrese: Estado de derecho; honestidad y combate a la corrupción; promoción de la certeza; eliminación de los privilegios; mayor capacidad recaudatoria; competencia; infraestructura; reducción de la pobreza; competitividad y acceso a mercados.

Yo suscribo sin reservas la agenda de crecimiento propuesta por Hacienda. Y sin saber qué tasa de crecimiento pudiéramos alcanzar, tengo la certeza de que lograríamos un nivel mucho mayor que el planteado en el escenario inercial.

Y, creo que la mayor parte de economistas y expertos suscribiría casi sin modificaciones está agenda.

¿Cuál es el problema?

Que existe la duda de si el conjunto de las políticas públicas va a poder articularse en función de estas prioridades del crecimiento.

El Estado de derecho, quizás la prioridad número uno, tuvo un golpe terrible cuando se cuestionaron los contratos relacionados con los ductos. El asunto afortunadamente se enderezó.

Pero sigue habiendo preocupación sobre el caso de Santa Lucía, donde se ha amenazado pasar por encima de los amparos, para asegurar la construcción de ese aeropuerto.

Hay ciertos temores respecto a la forma en la que se apliquen los criterios en materia de extinción de dominio o la equiparación de la defraudación fiscal con la delincuencia organizada.

Hay dudas respecto a la prevalencia de la honestidad, no solo en los altos niveles del servicio público, sino en todas las instancias operativas o de ventanilla.

Casos como el de los privilegios a la CNTE cuestionan la real eliminación de los privilegios en el país.

En fin, ya no le sigo para no cansarlo, pero pareciera que hay un gran número de políticas públicas o incluso específicamente de decisiones presidenciales que no van con la agenda del crecimiento.

No sé si haya la posibilidad de que en algún momento puedan ser alineadas las acciones del gobierno. Pero, creo que el escenario más probable es que sigamos con el escenario inercial.

Y, por lo mismo, lo más importante para los próximos años es que se preserve la estabilidad.

El efecto será mucho menor si tenemos un sexenio más de crecimiento modesto a si tenemos un periodo en el que de nueva cuenta hayan explotado las turbulencias.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.