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El mito del desplome salarial

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El mito del desplome salarial

22/04/2019

Los salarios reales se están recuperando este año y eso es buena noticia, porque pueden ser un elemento que amortigüe la caída de la economía.

Pero, en promedio, los salarios no han caído a lo largo de los últimos años, como frecuentemente se afirma.

Veamos algunas cifras.

Hasta el mes de febrero, el último disponible, el salario promedio de los trabajadores afiliados al IMSS crecía a una tasa de 6.9 por ciento al año.

Las revisiones contractuales registradas hasta el mes de marzo indican un incremento promedio de los salarios de 6.5 por ciento.

En el caso del salario mínimo general, el incremento fue de 16.2 por ciento para el conjunto del país y de 100 por ciento para la frontera norte.

Ahora, contraste estas cifras con los niveles de inflación, que son de 3.94 por ciento en febrero y de 4 por ciento en marzo.

Así, observamos un crecimiento de 2.8 por ciento real en los salarios medios de los afiliados al IMSS; un 2.4 por ciento en el caso de las revisiones contractuales y un aumento de 11.7 por ciento en el poder adquisitivo del salario mínimo.

En el sexenio de Peña, también se produjo una modesta recuperación.

Entre diciembre de 2012 y el mismo mes de 2018, el salario medio de los asegurados en el IMSS creció en 30.7 por ciento frente a un incremento de la inflación de 27.87 por ciento. El salario real, por tanto, creció en 2.3 por ciento en ese sexenio. En el de Calderón, el aumento fue de 0.8 por ciento y en el de Fox, de 14.4 por ciento.

Es decir, el salario medio de los trabajadores de la economía formal en México creció en 18 por ciento en términos reales entre 2000 y 2018.

Es muy bueno que ahora lo haga a tasas más elevadas. Pero es equivocada la afirmación que se hace con frecuencia en el sentido de que en los últimos gobiernos se presentó un desplome de su poder adquisitivo.

Esto es también cierto si se observa el salario mínimo. En los tres últimos sexenios hubo un crecimiento real de 9.3 por ciento.

Es obvio que, en términos absolutos, el mínimo requiere aumentar mucho más porque no alcanza. Pero no es correcto afirmar que ha venido a la baja en los últimos tiempos.

Con los incrementos salariales recientes y con el nuevo ambiente que se percibe en los sindicatos, por las reformas en materia laboral que se encuentran procesándose en el Congreso, hay quienes en el sector empresarial tienen el temor que haya un torrente de huelgas o de peticiones desmesuradas de incremento salarial.

Es una probabilidad que no puede descartarse ante la posibilidad de una democratización generalizada de los sindicatos.

Pero la realidad de los últimos meses es que simplemente se ha acentuado una tendencia a la recuperación del salario, que ya se presentaba desde años anteriores, y de manera mucho más visible, en el sexenio de Fox.

Sin embargo, para hacer sustentables estos incrementos de las remuneraciones, se requiere que la productividad de la economía crezca. Lo que no ha pasado en los últimos años.

Durante el sexenio de Peña, este índice aumentó en total sólo 2.3 por ciento, equivalente a 0.4 por ciento al año, casi nada.

Y para mejorar la productividad, la palanca principal se llama inversión.

Tener mejores salarios requiere una política distributiva, pero también hacer que la economía en su conjunto sea más productiva.

Por cierto, ¿hay alguien que piense en la productividad en este gobierno?

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.