El Covid-19 nos va a cambiar la vida
menu-trigger
ESCRIBE LA BÚSQUEDA Y PRESIONA ENTER

El Covid-19 nos va a cambiar la vida

COMPARTIR

···
menu-trigger

El Covid-19 nos va a cambiar la vida

06/03/2020
Actualización 06/03/2020 - 8:37

Estábamos en 1918, hace 102 años. Y apareció un virus que propiciaba una enfermedad respiratoria que luego se conoció como “influenza española”.

Se trata de lo que los expertos señalan como la peor pandemia que haya sufrido la humanidad hasta ahora. Las estimaciones indican que se contagió aproximadamente un tercio de la población del mundo y que fallecieron a causa de este mal al menos 50 millones de personas.

Hace muy pocos días, Bill Gates, fundador de Microsoft, publicó un artículo en el New England of Journal of Medicine, titulado Responding to Covid-19A Once-in-a-Century Pandemic?

Gates hace la analogía con la experiencia de 1918, y se pregunta si el Covid-19 no es el equivalente al virus de la llamada “influenza española”, que va a marcar este siglo.

Uno sabe que Gates no tiene ocurrencias. Puede equivocarse, no es médico, pero es uno de los mayores donadores –si no es que el más grande del mundo– a instituciones que están estudiando desde hace años los riesgos de una nueva pandemia como la de 1918.

¿Por qué piensa Gates que podemos estar ante una pandemia de las que ocurren una vez cada 100 años?

1.-A diferencia de otras enfermedades, el Covid-19 puede matar a adultos sanos, con una tasa de fatalidad mucho más alta que el promedio de la influenza, como en 1918. En su artículo, Gates maneja un conservador 1 por ciento como tasa de letalidad general. Las cifras de la OMS, hasta ayer por la tarde, indican una tasa de 3.4 por ciento. La cifra de Gates parece muy sensata, porque existe el consenso entre las autoridades de salud de todo el mundo que hay un subregistro gigantesco de personas infectadas que no son reportadas, lo que bajaría el porcentaje de letalidad. En cualquier caso, estaría muchas veces por arriba del 0.1 por ciento de la tasa de letalidad de la influenza estacional.

2.-El Covid-19 es altamente transmisible. El enfermo del nuevo coronavirus trasmite la enfermedad en promedio a tres personas, una cifra que multiplica 10 veces la del SARS. Lo peor del caso es que una cantidad aún no precisada de los portadores del virus son asintomáticos. Ellos quizás no tengan ningún problema y su sistema inmune venza al virus, pero pueden contagiar a otros que no tengan esa suerte.

3.-Hasta ahora no hay ningún medicamento ni ninguna vacuna que evite o cure la infección del Covid-19. Olvídese de todas las referencias. Es charlatanería, aunque los argumentos parezcan científicos. La vacuna podría estar en un año y su producción, en el mejor de los casos, en dos.

Bajo esta lógica, podríamos tener cientos de millones de contagiados en los siguientes meses y cientos de miles de muertos a consecuencia de la enfermedad, que podrían llegar a muchos millones.

Si se reprodujeran los parámetros de la influenza española, estaríamos hablado de 2 mil 300 millones de personas contagiadas y con la conservadora tasa de letalidad del 1 por ciento, de 23 millones de personas fallecidas en este mismo año.

Le comento lo que hay que esperar en México.

Los modelos matemáticos que se usan para proyectar los casos indican –según fuentes confiables– que las cifras “estallarán” hacia la última semana de marzo.

Esto será resultado tanto de la difusión natural del virus como de la facilidad para hacer las pruebas e identificar los casos, pues se ha estado subestimando el contagio.

En el mejor de los casos, México tendrá cientos de muertos y quizás decenas de miles de casos. La clave es que no vaya a pasar esto en pocos meses porque sería el desastre para la infraestructura médica.

Supongo que todo esto, que es del ABC de la epidemología, ya se lo explicaron al presidente López Obrador. En el camino, habrá que cancelar juegos de futbol, conciertos, marchas y demás. La vida nos va a cambiar, al menos temporalmente.

No es un tema político. Se trata de un tema médico.

El tema de las mujeres, que tantos reflectores ha atraído, será un asunto muy menor respecto a lo que puede significar el coronavirus. Imagínese.

Es tiempo de que se empiece a escuchar a la ciencia, aunque no guste lo que diga.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.