Coordenadas

El plebiscito del domingo

La gran incógnita que habrá de resolverse el próximo domingo es si en la decisión de los electores pesa más el respaldo presidencial o la opinión negativa a la gestión del gobierno.

Mañana se cumple una etapa de la vida política mexicana. Se cierran las campañas electorales, que han resultado muy largas y desgastantes.

Tal vez me podrá decir usted que empezaron apenas hace tres meses. Sí, oficialmente, pero extraoficialmente llevan mucho más tiempo.

De los medios electrónicos, desaparecerán a partir del jueves los spots de cientos de candidatos, que han hecho que la radio y la televisión se inunden de publicidad política. Casi toda deplorable.

Recuerde que, aunque la contienda política al interior de Morena lleva años, la de carácter abierto comenzó tras la célebre cena en El Mayor, el 5 de junio del año pasado, en la conocida librería Porrúa del centro de la Ciudad de México.

Los opositores agrupados en el Frente comenzaron su proceso de registro el 4 de junio, con una contienda entre diversos políticos que se apuntaron.

Y también llevaban meses fraguando esa alianza en la que, por primera ocasión, el PAN, el PRI y el PRD postularon a una candidata presidencial.

Desde que comenzaron las contiendas internas, toleradas por las autoridades electorales a pesar de haberse adelantado a los tiempos, era visible que la elección iba a tener un carácter abiertamente plebiscitario.

Es decir, en buena medida no sería entre candidatos o candidatas, sino entre quienes expresaban la continuidad del proyecto que llevó al poder a Andrés Manuel López Obrador en el 2018 y los que condenaban ese proyecto.

No sé qué hubiera ocurrido si las candidatas o los candidatos hubieran sido diferentes. Pero, resultaba predecible que el gobierno planteara la contienda como una en la que uno de los protagonistas centrales sería el presidente López Obrador y su gestión.

Para quienes lo respaldan, AMLO hizo un gobierno que está transformando a México erradicando la corrupción y combatiendo la pobreza, dándole voz a quienes no la tuvieron por décadas.

Para quienes lo denuestan, ha hecho uno de los peores gobiernos de la historia reciente, con pésimos resultados en seguridad, economía o salud, y con una corrupción rampante.

Como le he comentado una y otra vez, aunque las encuestas digan una cosa, nada estará definido hasta el próximo domingo. En el mundo se han presentado suficientes sorpresas como para dar por sentado un resultado.

Pero, en esta elección plebiscitaria, sin lugar a duda, contará mucho la imagen y la popularidad del presidente de la República.

En la medición más reciente de El Financiero, el porcentaje de aprobación que tiene López Obrador es de 60 por ciento. Y prácticamente en todos los estudios de opinión, AMLO tiene más de 50 por ciento de aprobación.

La gran incógnita que habrá de resolverse el próximo domingo es si en la decisión de los electores pesa más ese respaldo presidencial o si la opinión negativa a la gestión del gobierno cuenta más.

Desde hace mucho tiempo le comenté en este espacio que a la oposición no le convenía que esta elección se convirtiera en un plebiscito sobre la continuidad de la 4T o su cancelación.

Sin embargo, no se pudo plantear como una contienda que se centrara en las personalidades y atributos de las candidatas, así como en sus propuestas específicas.

Al final de cuentas, en buena medida, la elección del domingo se convertirá en ese plebiscito que desde el principio buscó López Obrador.

No sé cuál será el resultado, pero de lo que estoy seguro es que, al llegar al fin de las campañas, las posibilidades de triunfo de Morena son más elevadas que si AMLO no estuvieran de facto en el centro de las campañas.

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