Coordenadas

Si ocurre lo improbable, no nos sorprendamos

Enrique Quintana analiza los probables e improbables escenarios que podrían ocurrir en las elecciones del próximo domingo 2 de junio.

Se acabó el tiempo.

Ya solo quedan los cierres de las campañas y en una semana exactamente, millones de mexicanos acudiremos a las urnas.

Ese mismo domingo 2 de junio por la noche comenzarán a resolverse las incógnitas, que hay muchas todavía.

Desde que se aplican encuestas en México, siempre se han visto diferencias en los resultados que arrojan. Diferencias entre ellas, y diferencias entre el resultado y lo que muchas anticipan.

Esto, a veces, es producto de las diferentes metodologías usadas para captar las opiniones de los potenciales electores, y en ocasiones, del uso propagandístico de algunas de ellas.

Pero, a veces, la diferencia entre los datos de las encuestas y los resultados en las votaciones, derivan de que se refieren a diferentes universos, a diferentes grupos.

Los estudios de opinión, con frecuencia, preguntan a una muestra que representa la totalidad de los electores potenciales, mientras que quienes acuden a las urnas -al menos en las más recientes elecciones presidenciales en México- representan solamente del 60 a 65 por ciento de esos potenciales electores.

Aún más, de acuerdo con diversos estudios demoscópicos, hay un porcentaje nada despreciable de ciudadanos, del orden del 19 por ciento, que, aunque expresan una preferencia, revelan que la podrían cambiar.

Nadie puede saber realmente cuál será el resultado de las múltiples elecciones del 2 de junio.

Lo que las encuestas nos van a revelar son escenarios probables, pero aún los escenarios improbables son posibles. Y a veces suceden.

El mundo hoy es suficientemente complejo para suponer que las sorpresas no pueden ocurrir.

¿Cuál era la probabilidad de que hubiera un viento tan fuerte que produjera una ráfaga capaz de derrumbar un templete en el que estuviera un candidato presidencial?

Mínima. Tal vez de décimas o centésimas de punto porcentual. Pero ocurrió y produjo, lamentablemente, la muerte a 9 personas y dejó heridas a decenas.

Ese lamentable hecho es quizás una metáfora de que en este mundo no solo ocurre lo probable, sino a veces lo improbable.

Si en los fenómenos naturales muchas veces somos incapaces de anticipar hechos con un margen razonable de certeza, en el mundo de los seres humanos, en el que aparecen emociones e interacciones que a veces somos incapaces de discernir, lo improbable tiende a brincar con más frecuencia al escenario.

No aseguro que vaya a ocurrir lo improbable el 2 de junio. Por eso es improbable. Pero subrayo que lo improbable no es igual a lo imposible. Perdón por la reiteración.

Los seres humanos tenemos la necesidad de construir patrones. Tendemos a establecer relaciones de causa-efecto que nos expliquen el mundo. Haya o no estas conexiones.

Por eso vemos formas coherentes en las nubes o en las vetas de la madera.

Nos incomoda pensar y a veces constatar que el azar tiene más importancia de lo que creemos.

Hay una frase hecha que diversos analistas repiten una y otra vez: en la política las cosas no suceden al azar.

Aludiendo a que los acontecimientos siempre tienen una razón que los explique.

Difiero.

Creo que en la política muchas veces hay hechos azarosos.

De la misma forma que no nos sorprenderíamos si este 2 de junio sucede lo probable, lo que dicen la mayoría de las encuestas, no nos sorprendamos si sucede lo improbable.

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