Coordenadas

Seis pasos para la sobrevivencia de Pemex

Ni Xóchitl Gálvez cerraría a la primera las refinerías de Cadereyta y Madero, ni Claudia Sheinbaum dejaría la estrategia de refinación sin cambios. Al final, la realidad se impone.

Las campañas son los peores momentos para diseñar políticas públicas.

Un candidato opositor no puede reconocer méritos de las políticas del gobierno que cuestiona.

Un candidato incumbente, del partido en el gobierno, no puede reconocer fallas del partido que lo respalda.

El resultado son posturas antagónicas, ninguna de ellas basada en la racionalidad, sino en la estrategia de campaña.

Eso está pasando con la discusión de Pemex y las refinerías.

Estamos a años luz de debatir racionalmente sobre la política que debería emprender la candidata que ganara la elección presidencial.

Creo que ni Xóchitl cerraría a la primera las refinerías de Cadereyta y Madero (que no Tampico) ni Claudia dejaría la estrategia de refinación sin cambios.

Al final, es la realidad la que se impone.

Pero hoy, ninguna de ellas gobierna y no hay ningún costo en expresar juicios y opiniones, aunque luego se abandonen.

Cerrar una refinería no es como bajar la cortina a una tiendita.

Hay muchas implicaciones, económicas, laborales y sociales.

El argumento de los efectos ambientales es de mucha corrección política y buena venta, pero al contrastarse con los costos de hacerlo, las cosas no son tan simples.

Quizás se vuelvan inviables todas las refinerías y no solo dos.

Pero, al mismo tiempo, no hay esquema alguno de finanzas públicas que pueda seguir aguantando las pérdidas de Pemex, que ascienden a 235 mil millones de pesos desde el arranque de este gobierno.

Pemex requiere la conjunción de políticas ambientales, energéticas, de finanzas públicas, de petroquímica, laborales, sociales y regionales, entre otras.

Pensar que cualquier decisión puede tomarse simplemente por arranque es absurdo.

El futuro de Pemex necesita ser trazado con pincel, pero la estrategia electoral respecto a la empresa necesita brocha gorda.

Por eso, el peor momento para discutir respecto al futuro de la empresa es la campaña electoral.

Pero, ni modo de no hacerlo.

Por eso, allí le van algunos principios que deben guiar esta discusión, a mi juicio.

1.- Pemex no se va a cerrar ni va a dejar de ser empresa pública.

Es más, de acuerdo con los escenarios más plausibles en materia legislativa, nada va a cambiar de su régimen hoy establecido en la Constitución porque ninguna fuerza política tendrá mayoría constitucional.

2.- La política de Pemex basada en la refinación no es sustentable.

En los primeros cinco años de esta administración, Pemex Transformación Industrial (PTI), que es la subsidiaria de Pemex que maneja la refinación, tuvo una pérdida acumulada de 706 mil 488 millones de pesos. La de la empresa completa fue de 235 mil 290 millones de pesos, a pesar de haber recibido apoyos directos e indirectos por alrededor de 1.3 billones de pesos.

3.- No se pueden cerrar refinerías a rajatabla.

Las refinerías son un conjunto de plantas. Decidir respecto a su futuro es algo que requiere un análisis detallado. Puede mantenerse quizás alguna parte de la refinación y cancelarse otra. Puede haber un esquema gradual para los cierres completos, como por ejemplo ocurrió con la de Azcapotzalco en la Ciudad de México. Pero se trata de una decisión técnica y no de una consigna de campaña.

4.- Pemex requiere de una redefinición completa de su estrategia.

Es muy conocido internacionalmente que la empresa es buena para trabajar en aguas someras extrayendo crudo. Debiera dejar a terceros la exploración e igualmente la producción en aguas profundas y concentrar sus recursos en la producción de crudo en aguas someras. Esto le permitiría ser una empresa más pequeña, eficiente y rentable.

5.- La dirección de Pemex requiere otra visión.

No puede haber más un agrónomo dirigiendo la empresa petrolera del Estado. Pero no es solo el director, la ‘nomenklatura’ de Pemex necesita ser acotada. Se requiere una dirección empoderada por el Ejecutivo para hacer que en unos cuantos años Pemex nuevamente aporte y no cueste al gobierno.

6.- El gobierno debe asumir la deuda de Pemex.

No hay opción. Si el gobierno no asume la deuda de Pemex, la empresa no tendrá márgenes de maniobra para funcionar. Claro, el costo de asumir esa deuda debería ser reorganizar complemente la empresa.

Por allí se podría empezar.

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