Coordenadas

¿A quién favorecería una mayor participación el 2 de junio?

Si se ven las últimas seis elecciones presidenciales, no necesariamente se encuentra una correlación entre la mayor participación en las urnas y el éxito de los partidos opositores.

Una de las opiniones que se expresan con más frecuencia respecto al proceso electoral es que si la participación ciudadana es elevada, tiene más oportunidades de ganar la oposición.

Incluso, algunos hasta le ponen número y señalan que, si vota al menos el 70 por ciento de los electores, es probable que gane Xóchitl Gálvez la elección.

Creo que las cosas no son tan claras, si nos atenemos a las evidencias.

Si vemos las últimas seis elecciones presidenciales, no necesariamente se encuentra una correlación entre la mayor tasa de participación y el éxito de los partidos opositores.

El caso más señalado es el de 1994. Se trata de la elección en la cual la tasa de participación fue la más elevada de la historia moderna del país.

En aquel año, en las elecciones en las que contendieron Ernesto Zedillo, Diego Fernández de Cevallos y Cuauhtémoc Cárdenas, salió a votar el 77.2 por ciento del padrón.

El triunfador fue el candidato del partido en el gobierno, Ernesto Zedillo, no alguno de los de la oposición.

La siguiente elección de la era moderna con la mayor tasa de participación fue la del año 2000, en la que por primera ocasión sí triunfó la oposición. En ese entonces la tasa de participación fue de 64 por ciento.

Si bien la tasa fue alta respecto a las que tuvimos posteriormente, estuvo 13 puntos porcentuales por abajo de la elección de 1994.

Pareciera que lo que motivó el voto ciudadano en aquel año fue el miedo, debido a que se trató de un año violento, tanto por el alzamiento de los zapatistas en Chiapas como por el asesinato del candidato presidencial del PRI, Luis Donaldo Colosio, el 23 de marzo.

Seis años después la oposición triunfó, aunque participó una menor proporción de los votantes potenciales.

La tasa de participación más baja de toda la historia moderna ocurrió en la controvertida elección del año 2006, cuyo resultado favorable a Felipe Calderón, aún no reconoce el presidente López Obrador ni la narrativa oficial de Morena.

En ese año, el porcentaje de los electores que acudió a las urnas fue el 58.6 por ciento.

La cifra fue superada ampliamente en las elecciones de 2012, en las que triunfó Enrique Peña Nieto, cuando se alcanzó un 63.1 por ciento, o en las de 2018 cuando triunfó López Obrador, y la tasa de participación fue de 63.4 por ciento.

La hipótesis que correlaciona la tasa de participación de los electores con un mayor éxito de la oposición parte de la premisa de que los electores que no acuden a las urnas tienden a no estar satisfechos con el gobierno en turno y expresan ese sentimiento con su abstencionismo.

De manera que, según esta visión, si se logra que dicha molestia se exprese en las urnas y no en la ausencia de ellas, los candidatos opositores saldrán ganando.

El argumento es plausible pero los datos que le referimos no lo demuestran.

Puede haber diferentes razones para que en cierto momento haya más participación sin que ello necesariamente implique mayor éxito para los opositores.

La tasa promedio de participación en las últimas cuatro elecciones presidenciales es de 62.3 por ciento.

La lista nominal para las elecciones federales del 2 de junio es de 99 millones 23 mil personas. Esto quiere decir que, si se mantuviera la tasa de participación promedio, votarían 61.7 millones. En 2021 votaron 48.9 millones.

Es decir, aun si la participación no sube respecto al pasado, es probable que haya 12.8 millones de votos adicionales a los del 2021, lo que equivale al 13 por ciento del padrón.

Las encuestas usualmente revelan las intenciones de voto de la población en general, y en la mayor parte de ellas, la candidata del partido en el gobierno va con una amplia ventaja.

Es complejo tratar de recortar de esa población a la parte que representa a quienes sí van a ir a votar, los que a veces se denominan, “votantes probables”.

Y es más difícil todavía concluir si un número más elevado de “votantes probables”, necesariamente favorecerá a la oposición o, en este caso, podría fortalecer la posición de Morena.

Ojalá haya una elevadísima participación el 2 de junio, sea cual sea la fuerza política que se beneficie de ello, pues con certeza, quien saldría ganando sería la democracia.

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