Coordenadas

El costo de un enfrentamiento

Quienes señalan que la actitud del NYT fue prepotente, desconocen las prácticas periodísticas en EU, apunta Enrique Quintana.

Uno de los grandes temas de la semana que termina fue el enfrentamiento entre el presidente López Obrador y The New York Times (NYT).

Uno de los más influyentes periódicos norteamericanos preparaba un reportaje en el que se planteaba que el gobierno norteamericano había investigado al círculo cercano al presidente de la República por posibles vínculos con el crimen organizado.

Como es protocolario en las investigaciones periodísticas de ese diario, se pidió su versión a la presidencia de la República.

Y como también es usual en este tipo de investigaciones, se estableció un límite cercano para que la fuente contestara.

Quienes señalan que la actitud del NYT fue prepotente, desconocen las prácticas periodísticas en EU.

Puede no gustarle al presidente López Obrador, pero así fuera una investigación relativa al presidente Biden, se hubiera procedido de modo parecido.

En lugar de responder o negociar para extender el plazo y preparar respuestas más elaboradas, la decisión de AMLO fue ‘denunciar’ públicamente la solicitud, incluyendo el teléfono de la encargada de la corresponsalía del NYT incluida.

Y, además, en la mañanera del jueves golpeó duramente al periódico llamándolo “pasquín inmundo”.

El viernes, el presidente volvió al tema y justificó la publicación del teléfono de la corresponsal del NYT pese a que con ello se viole la Ley de Protección a los datos personales, señalando que ninguna ley puede estar por encima de la autoridad moral del presidente de la República.

Fue evidente, como muchos han señalado, que el presidente López Obrador respondió con enojo a la investigación presentada.

El reportaje del periódico norteamericano fue relativamente flojo, con falta de fuentes identificables y señalando en el propio texto que los datos que presuntos narcotraficantes ofrecieron a los investigadores de agencias norteamericanas podrían no ser correctos.

Una pieza periodística así pudo ser minimizada con relativa facilidad si hubiera existido una estrategia adecuada.

Sin embargo, con la respuesta enfurecida del presidente, el tema creció.

Y aunque AMLO logró que un vocero del gobierno norteamericano señalara que no hay investigación alguna respecto al presidente de México, el golpe ya estaba dado.

¿En qué medida estos hechos afectan la imagen del presidente de la República?

Entre la población en general, creo que el impacto será menor, pues se ha tratado de una discusión que quedó constreñida a un círculo relativamente pequeño de la sociedad mexicana.

Ya lo veremos en mediciones realizadas por encuestas en las siguientes semanas.

Sin embargo, entre círculos informados, y especialmente en Estados Unidos, no puede minimizarse su impacto, sobre todo porque se suma a otras investigaciones que han abordado la misma temática.

Los partidarios de AMLO lanzaron una campaña de descrédito contra el NYT que será inútil pues quienes le creen ciegamente a López Obrador lo seguirán haciendo, sin campaña o no.

Pero, en los círculos informados, esa respuesta confirma la imagen de intolerancia que se ha configurado con más fuerza en los últimos meses.

Más allá de coincidencias o diferencias con este gobierno, por la salud de la política mexicana, será necesario que el presidente se serene y con ello también transmita esa actitud a sus huestes.

Un proceso electoral como el que enfrentamos, en medio de la ira y la polarización, puede traer consigo episodios que incluso pueden llegar a inquietar a los inversionistas.

Más vale que el gobierno no juegue con fuego.

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