Coordenadas

Hay logros, pero aún más retos fiscales

La gestión de este sexenio tuvo logros que deben reconocerse. Y así lo han hecho las calificadoras y los mercados. Pero viene lo difícil, que es seguir con resultados favorables.

¿Vendrá una crisis fiscal en este año?

Vaya, ya le hemos comentado en varias ocasiones cuál es el más probable de los escenarios. Y cuál es el futuro.

Pero, es diferente proponer este escenario con las cifras de cierre de año.

De entrada, le doy mi opinión: no veo ninguna crisis fiscal en el año 2024.

Pero, tampoco creo que podamos transitar el 2025 sin que haya una reforma fiscal que se negocie, en caso de que el partido en el Ejecutivo no tenga mayoría absoluta en las cámaras.

Vamos por partes.

Permítame proyectar el 2024, sobre la base de los resultados del 2023 que fueron dados a conocer ayer.

Para el año 2023 se estima un déficit público de 3.4 por ciento del PIB. Cuando se presentó el Presupuesto, esta variable estaba en 3.6 por ciento del PIB.

Es decir, el gobierno mantuvo la disciplina prevista.

Como muchas veces le hemos comentado en este espacio, tal vez podría haber algún sacrificio en el gasto que pudiera incidir negativamente en el crecimiento, pero ninguna agencia calificadora que evalúe el desempeño de las finanzas públicas podría cuestionar el buen resultado del 2023.

Un parte de este hecho radica en que el PIB resultó por arriba de lo previsto, por lo cual los parámetros fiscales que se comparan con el tamaño de la economía, como el déficit, resultan con un mejor desempeño.

La fiesta tiene que ser mesurada. Una parte del buen resultado en finanzas públicas deriva del IEPS a las gasolinas. En 2022 hubo un IEPS negativo, que significa subsidio neto del orden de casi 80 mil millones de pesos. El año pasado, la recaudación fue de 230 mil millones de pesos.

Ese simple contraste significó 310 mil millones de pesos adicionales en los resultados de las finanzas públicas.

Claro que tanto el ISR como el IVA crecieron en términos reales, en 4.6 y 6.0 por ciento el año pasado, resultado de una buena actividad económica y de una mejor recaudación.

No es solo mi opinión. Las grandes calificadoras han señalado que el desempeño de las finanzas públicas en 2023 y previsiblemente en 2024 no va a representar un riesgo para las finanzas públicas del país.

Si no hay una sorpresa que cambie los parámetros, terminaremos este año con un coeficiente de deuda pública sobre PIB inferior al 50 por ciento, lo que dará tranquilidad.

Lo que en casi todos los frentes se plantea como todo un reto es lo que vendrá a partir del 2025.

Aunque las presiones fiscales serán diversas, de lejos, van a estar concentradas en tres rubros.

El primero son las pensiones contributivas, a las que el gobierno aportará este año alrededor de 1.5 billones de pesos y más será en 2025.

El segundo rubro son las pensiones no contributivas, es decir, el programa de adultos mayores, que este año llegará a 500 mil millones de pesos y el próximo podría acercarse a los 600 mil millones.

Y, el tercer factor son los costos financieros. En 2023 subieron 21.5 por ciento en términos reales.

Y la previsión para este año es que suban otro 12 por ciento en términos reales, y creo que se quedará corto ese incremento.

El escenario fiscal para el siguiente sexenio es retador, no importa quién gane la Presidencia ni cómo quede el Congreso.

Como le hemos comentado muchas veces en este espacio, no es un asunto de ideologías sino de sumas y restas.

La gestión de este sexenio dio resultados que deben reconocerse. Y así lo han hecho las calificadoras y los mercados.

Pero, ahora viene lo difícil. Seguir con resultados favorables en los años por venir.

No va a ser fácil y va a implicar costos políticos, para cualquiera que gane.

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