Coordenadas

Buen programa, pero limitado

Hay algunas acciones que, si resultan, abaratarían costos y aumentarían la oferta de alimentos y algunos otros bienes básicos.

El programa antiinflacionario anunciado ayer por el gobierno federal es una acción positiva pero limitada.

No puede menos que celebrarse que se busque aumentar la producción agrícola y que se agilice la distribución de productos básicos.

También es deseable que no se quede en mera declaración el combate al robo de mercancías en las carreteras del país.

Hay un conjunto de acciones que desde luego deben ser apoyadas por el sector privado, pues si resultan, abaratarían costos y aumentarían la oferta de alimentos y algunos otros bienes básicos.

Debe decirse lo mismo del acuerdo con productores y distribuidores de 24 productos básicos. Si se logra que algunos bienes de consumo popular mantengan sus precios o incluso los reduzcan, será algo positivo para el ingreso real de las familias más pobres.

Todo ello hay que aplaudirlo.

Pero hay que tener cuidado con la narrativa.

Si se pretende que con este conjunto de medidas se contenga la inflación, me temo que no será así.

El indicador que permite medir el comportamiento de la inflación es el Índice Nacional de Precios al Consumidor, que incluye 299 productos y servicios genéricos y más de 120 mil cotizaciones que se consideran para su cálculo.

El programa que se anunció no va a repercutir de manera inmediata en el comportamiento de la inflación.

En algunos casos, si las medidas son exitosas, van a tener un efecto de mediano plazo, es decir, tras varios meses, como en el caso del posible incremento de la producción agrícola.

En otros casos, el impacto será focalizado, probablemente para algunos productos y presentaciones, pero sin el peso específico necesario para influir en el índice.

Será el próximo lunes 9 de mayo cuando se dé a conocer el nivel de la inflación de abril y no sería extraño que tuviéramos un incremento a tasa anual que estuviera ya cerca de 8 por ciento.

Y, de acuerdo con los pronósticos del consenso de los expertos, podríamos concluir el año con un nivel apenas inferior al 7 por ciento.

El presidente expresó ayer su deseo de que con este conjunto de medidas se evite que el Banco de México eleve sus tasas de interés.

Me temo que esto no va a ser posible.

El Banco Central probablemente tenga que acompasar el alza de las tasas de interés en México a un ritmo cercano al que adopte la Reserva Federal de Estados Unidos, que ayer elevó su tasa de referencia en medio punto porcentual.

A pesar de que en Estados Unidos el PIB cayó en el primer trimestre del año, la autoridad monetaria consideró que el problema principal no es esa baja sino el crecimiento de los precios, por lo que se decidió el incremento, que es el más elevado desde el año 2000, además del comienzo de restricciones en la política monetaria.

El jueves 12 de mayo será el turno del Banco de México y todos los indicios señalan que deberá volver a incrementar las tasas de interés, independientemente de que no sea ese el deseo del presidente de la República.

Quizás el alza pudiera no ser de medio punto sino de un cuarto de punto, pero el incremento no se podrá eludir.

Si no lo hace así el Banxico, quizá pudiera generar presiones sobre el tipo de cambio que acabarían repercutiendo en el nivel de inflación.

Una última reflexión respecto a las decisiones que se anunciaron ayer, las dos relacionadas con la inflación, una local y otra en Estados Unidos.

No podemos ignorar que el mundo entero está en una trampa. Incluyéndonos.

No hay más remedio que hacerle frente a la inflación con mayores tasas.

Pero es inevitable que la agresiva acción de política monetaria incremente el riesgo de recesión.

Ojalá podamos eludir la trampa, pero me temo que estamos dentro de ella, por más que tratemos de eludirla.

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