Coordenadas

El fiasco de la integración con América Latina

El llamado ‘sueño bolivariano’ se ha dejado sentir más de una vez, solo para acabar siempre en un absoluto fracaso.

En el discurso político de los gobiernos mexicanos, en diversas ocasiones ha aparecido la idea de que hay que integrarnos con América Latina.

El llamado ‘sueño bolivariano’se ha dejado sentir más de una vez… solo para acabar siempre en un absoluto fracaso.

Lo más que se ha logrado es la formación de algunos bloques comerciales que han funcionado a medias, como el Mercosur, creado en 1991 por Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay, al que luego se sumaron Venezuela y Bolivia. O bien, la Alianza del Pacífico, constituida en 2012 por Chile, Colombia, México y Perú, mientras que Panamá y Costa Rica están en proceso de incorporación.

Hace mucho más tiempo, en 1975, en los tiempos de Luis Echeverría en México y Carlos Andrés Pérez en Venezuela, fue creado el Sistema Económico Latinoamericano (SELA), integrado por 25 países, y que buscaba la cooperación y la integración de América Latina.

En 1980 también apareció la ALADI, Asociación Latinoamericana de Integración, conformada por 13 países, que en su nombre lleva su objetivo. Y todavía podemos agregar algunas siglas más.

La realidad, al menos para México de manera muy clara, es que lo que marcó nuestro destino no fue ninguno de esos intentos sino la formación del Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (TLCAN), que empezó a funcionar en 1994.

La existencia de ese intrumento jurídico definió al modelo económico del país.

Pero, como ha ocurrido en diversas etapas de nuestra historia, los afanes integracionistas con la región van y vienen, en la mayor parte de los casos, inútilmente, como todo indica que será la suerte de la CELAC, que ahora preside nuestro país.

Van solo algunos datos para darnos un baño de realidad.

México coloca en América Latina y el Caribe solo 5 por ciento de sus exportaciones totales, pese a todos los presuntos esfuerzos de integración.

En contraste, las ventas que realiza a Norteamérica equivalen a 82.8 por ciento del total.

En 1993, antes de que entrara en vigor el TLCAN, las exportaciones a América Latina solo representaban 6.3 por ciento del total. Desde entonces era muy poco y ahora es menos.

Las exportaciones a Norteamérica han crecido a una tasa media anual de 7.9 por ciento desde que entró en vigor el TLCAN.

La exportaciones a América Latina crecieron 7.2 por ciento en promedio anual. Si bien sí han crecido, cada vez pesan menos en el total.

El problema es que más allá de simpatías, en muchas ocasiones los países más grandes de la región compiten entre sí. En contraste con Norteamérica, en donde se ha desarrollado un esquema de complementaridad económica.

Si dejamos de lado las consideraciones políticas y atendemos esencialmente a las oportunidades económicas, tuvo toda la razón el nuevo embajador de Estados Unidos en México, Ken Salazar, cuando señaló que “no había que distraernos”.

Lo hemos dicho muchas veces en este espacio, pero hay que repetirlo nuevamente. Si México lograra atraer inversiones vinculadas a la recomposición de las cadenas de suministro que están operando muchas empresas norteamericanas, podría tener una oleada de inversión extranjera directa como no la ha visto en la historia.

Por ejemplo, el viernes pasado, la presidenta de General Motors, Mary Barra, señaló que la empresa planea hacer cambios sustanciales en su cadena de suministro.

Y así como esta firma automotriz, hay decenas o centenas de compañías que lo están planeando.

Esa es la integración económica en la que debemos trabajar, la que ha demostrado al paso de los años que ha funcionado y que ha permitido la creación de millones de empleos en México.

¿O dejaremos pasar otra gran oportunidad por satisfacer las inclinaciones ideológicas de unos pocos?

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