Coordenadas

No crecemos, pero la prosperidad no es buena para el espíritu

La actividad económica, medida por el PIB, todavía se encuentra 5.1 por ciento abajo respecto al nivel más elevado al que llegamos, en el tercer trimestre de 2018.

El día de ayer, el Inegi dio a conocer las cifras del PIB correspondientes al primer trimestre de 2021.

Ellas nos permiten ubicar mejor en dónde estamos en el proceso de recuperación de la economía.

Permítame referir algunos comparativos y proyecciones que pueden ubicar mejor este momento.

1.- El PIB de 17.6 billones de pesos (a precios constantes de 2013) resultó superior en 16.9 por ciento al peor momento de la crisis, que se presentó en el segundo trimestre del año pasado. Por eso es que podemos hablar de recuperación.

2.- El nivel de la actividad económica, medido por el PIB, sin embargo, todavía se encuentra por abajo en 5.1 por ciento respecto al nivel más elevado al que llegamos, en el tercer trimestre de 2018, es decir, el último que correspondió íntegramente al sexenio anterior.

3.- Si la comparación fuera con el último trimestre de 2018, entonces ‘solo’ estaríamos abajo en 4.7 por ciento. Y si fuera con el último trimestre, antes de resentir los peores golpes de la pandemia, es decir, el primero de 2020, entonces estaríamos abajo en 2.8 por ciento.

4.- Lo anterior quiere decir que, para regresar al nivel del PIB previo a la pandemia, la economía tendría que crecer en 3.2 por ciento respecto al nivel del primer trimestre. Llegar a este punto en el segundo trimestre implicaría que la economía creciera en ese lapso en 20.7 por ciento. Prácticamente nadie está viendo un crecimiento de esta magnitud.

5.- Si los optimistas tienen razón y se alcanza un crecimiento del PIB de 6 por ciento en 2021, terminaríamos este año con un nivel promedio 2.8 por ciento inferior a del 2019 y 3.0 por ciento por debajo del nivel de 2018.

6.- Suponiendo que, como dice el consenso calculado por Citibanamex, en 2022 el PIB crezca en 2.7 por ciento, aun así todavía estaríamos 0.4 por ciento por abajo del nivel de 2018. Es decir, que lo más probable es que sea hasta 2023 cuando rebasemos el nivel del PIB con el que cerró el anterior sexenio.

7.- Ahora bien, si consideramos el PIB per cápita en términos reales considerando un ritmo de crecimiento de la población de 1 por ciento al año, al término del próximo año, estaríamos 4.2 por abajo del nivel de 2018.

8.- Suponiendo que la economía creciera en 2.5 por ciento en 2023 y 2024, eso nos implicaría un crecimiento promedio en el sexenio de 0.8 por ciento al año y, por lo tanto, una caída del PIB per cápita de 1.4 por ciento.

9.- La última ocasión en que hubo un sexenio en el que se presentó un decrecimiento del PIB per cápita fue en el de Miguel de la Madrid, cuando descendió en 10.7 por ciento, en el lapso transcurrido entre 1982 y 1988.

Le ofrezco una disculpa por llenarlo de cifras. Sin embargo, los datos duros en este caso son absolutamente indispensables para dimensionar correctamente las cifras económicas.

Obviamente todos estos resultados son absolutamente irrelevantes para la 4T, ya que el presidente de la República ha dicho en varias ocasiones que esas mediciones neoliberales, como la del PIB o del PIB per cápita, son irrelevantes porque lo que realmente importa es la felicidad del pueblo.

Y aunque los expertos a los que el presidente encomendó la tarea de construir nuevos indicadores son un poco lentos, tenga la certeza de que antes de que acabe la administración actual tendrán ya sus estudios y mediciones hechas.

Y así, podremos corroborar, incluso con el aval del Conacyt y del doctor López-Gatell -¿por qué no?- que la felicidad del pueblo ha aumentado a una tasa de 6 por ciento al año, una cifra a la que ningún régimen anterior podría aspirar.

Total, ya sabemos que la abundancia de bienes materiales no es buena para el espíritu y en cambio sí lo es la pobreza franciscana, que no nos distrae con bienes superfluos.

Y si alguien quiere ser el futuro gobernador del Banxico, más vale que vaya estudiando estos conceptos y no ande con tonterías como la oferta monetaria o el desempeño del PIB.

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