Sensatez en Puebla
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Sensatez en Puebla

27/12/2018

La crispación social y la polarización política difícilmente llevan a algo bueno. Tienen sus propias causas, que normalmente provienen de desigualdad socioeconómica, de abusos de poder de la autoridad, ilegitimidad e injusticia extremas. La eliminación de esas causas toma tiempo, requiere de determinación democrática y sensibilidad social, de prudencia, justicia y equidad en el actuar público.

Las muertes de la gobernadora del estado de Puebla, Martha Erika Alonso, y del senador Rafael Moreno Valle, su esposo, ocurridas el 24 de diciembre, han levantado nuevos motivos para la polarización política y la convulsión social. Se alimentan de un muy largo proceso electoral que tuvo que resolverse judicialmente en la última instancia, hace apenas unos días, el cual a su vez se nutrió de un prolongado periodo marcado por la corrupción y el autoritarismo. Son ya muchos años y, sin embargo, esta es una coyuntura que llama a la reflexión, a la unidad, pues el futuro no lo podemos perder a manos del pasado. Las nuevas generaciones se merecen una Puebla diferente, justa, armoniosa y próspera. Y para ello es indispensable que quien ocupe la gubernatura del estado tenga plena legitimidad emanada de las urnas. Esta es una condición indispensable.

Hay un paso previo. El Congreso del estado debe nombrar a un gobernador interino y convocar a nuevas elecciones tras el fallecimiento de la gobernadora. No será una tarea fácil, dado lo que ha sucedido en meses pasados al interior de un Congreso dividido, que incluso llegó al encono en el que de 11 reformas legales aprobadas, el Ejecutivo les vetó 8 de ellas, casi siempre sin justificación suficiente. Será difícil llegar a un acuerdo que deje a todos medianamente satisfechos.

En esta coyuntura tan complicada, considero que el llamado que hace el movimiento Sumamos por Puebla, en una carta abierta al Congreso del estado, es elocuente al afirmar que “…dada la considerable polarización, incertidumbres, dudas y confrontación que el pasado proceso electoral dejó entre muchos poblanos, es más grave que nunca la responsabilidad de nombrar a un gobernador interino con capacidad, neutralidad y credibilidad social. Sólo que se garantice que la elección sea limpia, sin intervención indebida de ninguna de las partes, gobiernos y otros poderes, podremos confiar en que el resultado refleje fielmente la voluntad ciudadana mayoritaria y, por tanto, otorgar la legitimidad indispensable para que el próximo gobernante cuente con el reconocimiento de todos, sin la cual la gobernabilidad democrática estará cuestionada y posiblemente en crisis. La regla no escrita que invocan priistas, panistas y sus aliados para reclamar el derecho a un interino afín a su grupo no tiene sustento legal, político ni prudencial, y daría tan malos resultados como el que la mayoría de Morena en el Congreso imponga a una persona que represente sus intereses. El momento es muy grave, solicitamos a ambos grupos que renuncien a tal lógica y acepten competir en elecciones limpias, sin intervenciones indebidas ni recursos de gobiernos y poderes ajenos, con un gobernador interino que garantice neutralidad y respeto a las reglas y a sus legítimas aspiraciones de triunfo electoral...”.

Y luego propone al Congreso que recurra “…al apoyo de un consejo integrado por representantes de las 5 universidades principales del estado para que seleccionen una terna de propuestas a gobernador interino, de entre las cuales el Honorable Congreso del estado designe al gobernador interino…”. Y se compromete a “trabajar, apoyar y promover las elecciones y el proceso, para que el resultado sea democrático, legal y reconocido por todos…”.

El llamado es a la sensatez, a hacer una pausa para reflexionar y tomar un respiro por el bien de Puebla y de los poblanos. Es un llamado a las fuerzas políticas a la legalidad, a la tolerancia y al respeto a los adversarios. Es un llamado a reivindicar la política como el mejor medio para dirimir las diferencias que nos afectan a todos. Lo ocurrido el 24 es lamentable, pero no podemos cambiar la historia. Se abre una posibilidad para la clase política de construir, genuinamente, un futuro mejor para todos.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.