Puebla de Zaragoza… todavía
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Puebla de Zaragoza… todavía

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Puebla de Zaragoza… todavía

25/01/2018
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Rafael Moreno Valle, ex gobernador de Puebla. (Foto Cuartoscuro)
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Existen varias demarcaciones que tienen junto a su nombre uno más de algún prócer local o nacional. Por ejemplo, el nombre del estado de Veracruz es realmente Veracruz de Ignacio la Llave, o el de Michoacán es Michoacán de Ocampo. Y así, Puebla se llama Puebla de Zaragoza. Evidentemente la preposición 'de' se refiere a que el prócer tiene alguna relación con la entidad, como el General Ignacio Zaragoza con Puebla por la Batalla del 5 de Mayo (aunque Zaragoza era oriundo de Coahuila).

Esto viene a colación porque los sucesos que han ocurrido en Puebla en las últimas semanas parecerían reconfirmar lo que hemos venido observando ya por algunos años: que el poder en Puebla se ha venido concentrando como no se veía desde la época de Maximino Ávila Camacho en los años cuarenta del siglo XX. Esa época fue magistralmente retratada por Ángeles Mastretta en su obra Arráncame la vida y por Don Rigoberto Cordero y Bernal con su biografía Maximino Ávila Camacho. El ejercicio absoluto… del poder. Todos los entes del estado (policía, jueces, legisladores, auditores, etcétera, etcétera) estaban sujetos a la voluntad única del gobernador Maximino Ávila Camacho, y pasaban por encima de todo y a costa de lo que fuera. Empero, dejó algunas obras buenas, pero también un mar de muertos, desaparecidos e ingobernabilidad.

Hoy volvemos a ver esta situación y el ejemplo más reciente es el pisoteo de las instituciones del estado con el asunto del exalcalde Eduardo Rivera. Como fue ampliamente conocido, el Congreso del Estado le condicionó la aprobación de su cuenta pública argumentando que había irregularidades de diversos tipos. Ello lo llevó a su inhabilitación para poder contender por una candidatura, y más adelante hasta el embargo de su casa. En una conversación que tuve con el secretario de Gobierno de Puebla, Diódoro Carrasco en 2017 (ver mi columna 'Amenazas sicilianas en México', publicada en El Universal el 26 de mayo de 2017, la réplica del secretario y mi contrarréplica), implícitamente confirmó que se trataba de una consecuencia ante la renuencia de Eduardo a “cumplir su parte” de un “acuerdo político” que para él, con razón, era inaceptable. Es decir, se utilizó el aparato público, de un poder diferente del Ejecutivo, para someter a un alcalde legítimamente electo. Todo esto ya lo sabíamos y nos indigna la persecusión política.

Pero ahora nos vuelve a indignar que se utilice la misma fuerza política del exgobernador Rafael Moreno Valle para 'desbaratar' las denuncias, demandas y acciones judiciales que se llevaron en contra de Eduardo Rivera tras conocerse que se había llegado, ahora sí, a algún acuerdo político (que a su vez se llegó entre Ricardo Anaya y Rafael Moreno Valle al bajarse este último de la contienda presidencial). Ignoro los términos del acuerdo, las condiciones que se pactaron o cualquier otro detalle del mismo. Lo que vemos es que, de la noche a la mañana, los agravios y querellas del Poder Legislativo del Estado contra Eduardo Rivera se están desdibujando ante un acuerdo político en la cúpula del poder en Puebla. Lo mismo que habría hecho, en su momento, Maximino Ávila Camacho.

Pero además, ahora se nos viene encima la perpetuación del poder de Rafael Moreno Valle. El 'destape' de la nominación de su esposa Marta Erika confirma lo que ya se veía venir: Establecer el control sobre la política estatal así como el acceso a las arcas públicas para financiar un proyecto político personal a la presidencia de la República, que se les escapó por poco en 2018, pero que en 2024 podría tener una nueva oportunidad. Ésta no es posible sólo por lograr colocar como candidata a su esposa, sino por la forma como ha logrado disminuir al mínimo las posibilidades de competencia electoral en Puebla. Además de socavar las bases de los partidos de oposición, y de sus dirigentes estatales y hasta la cúpula nacional, y de llegar a acuerdos con todos los partidos contendientes y sus respectivas coaliciones, Rafael Moreno Valle y su mayoría en el Congreso estatal aprobaron una norma electoral en agosto de 2015 que prácticamente hace imposible el que llegue un candidato genuinamente ciudadano a la boleta. La muralla que construyó para evitar la competencia es tan alta, que sus cimientos constitucionales parecen más bien débiles. Las trabas son tan impenetrables que revela, una vez más, que no está dispuesto a ceder ni un ápice del poder público que no le corresponde a él, sino a la gente.

Por eso, y dada la concentración de poder, no sería raro que en un futuro no lejano el Congreso estatal pudiera cambiar el nombre de nuestro estado para llamarle, como dijera un colega recientemente, “Puebla de Moreno Valle”. ¿Qué tal?

Twitter: @ecardenassan

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Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.