Pemex, primera ficha del dominó
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Pemex, primera ficha del dominó

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Pemex, primera ficha del dominó

07/05/2020
Actualización 07/05/2020 - 14:36

Universidad Iberoamericana de Puebla/Puebla contra la Corrupción e Impunidad .

La pérdida de Pemex del primer trimestre de 2020 de 562 mil millones de pesos (mmdp), que se suma a la de 346 mmdp de 2018, transforma en púrpura el foco rojo que ya estaba encendido desde hace meses. Los ingresos petroleros del gobierno, tanto por los derechos de la explotación de los yacimientos que son propiedad de los mexicanos más los impuestos que paga Pemex como empresa, llegaron a solo 135 mmdp en el primer trimestre (según datos de SHCP). De seguir así los ingresos públicos petroleros, que probablemente serán más bajos aún debido a la caída en los precios del petróleo y en la demanda de energéticos, no alcanzarían para compensar el quebranto sólo del primer trimestre.

Si bien la mayor parte de esta cuantiosa pérdida de Pemex fue por la revaloración del monto de su deuda en pesos por la depreciación del tipo de cambio, sus números y su balance son preocupantes (datos del reporte trimestral de Pemex). No en balde el reporte no-reporte anual de Pemex a la Securities Exchange Comission para 2019 menciona que su auditor externo reportaría serias dudas sobre la viabilidad de la empresa (https://aristeguinoticias.com/0205/lomasdestacado/sombras-de-duda-sobre-la-viabilidad-de-pemex-aun-no-envia-a-la-sec-su-informe-anual/). Sus ingresos por ventas disminuyeron de 356.2 a 284.1 mmdp del primer trimestre de 2019 al de 2020 (-72.1 mmdp), al tiempo que su costo de ventas apenas se redujo en 13.6 mmdp. Su costo financiero pasó de 34.1 a 62.8 mmdp en el mismo periodo, y el pago de impuestos, derechos y otros se redujo de 92.4 a 60.4 mmdp en el mismo periodo, gracias a que el gobierno le disminuyó el monto que tendría que pagar de impuestos (tasa de derechos por la utilidad compartida de 65 a 58 por ciento).

Es muy difícil calcular la pérdida de la operación de Pemex para 2020. La caída del precio del petróleo por el exceso de oferta, y la reducción de la demanda por la pandemia del Covid, permiten prever que el panorama financiero de la empresa estatal no puede sino empeorar en los meses por venir. Aun si lograran elevar la producción, que de por sí no parece plausible, los ingresos de la petrolera palidecerán por los bajos niveles de precios. Por su parte, los gastos siguen: la nómina, las pensiones y el servicio de su deuda (alrededor de 85 por ciento está en moneda extranjera). Aun si Pemex dejara de producir petróleo y dejara de refinarlo, los gastos ya están interconstruidos y son enormes. Por ejemplo, el servicio de su deuda será al menos 240 mmdp en el año, debido a que su endeudamiento total de largo plazo es de 2.2 billones de pesos (sí, 2.2 y 12 ceros), y le deben a sus proveedores 180 mmdp al 31 de marzo.

El pago de sus pensiones es también grande pues sostiene a un 71 por ciento de la nómina actual y les sigue pagando sus salarios/pensiones, servicio médico y súmele usted. ¿De cuánto estamos hablando? Pemex tiene un pasivo laboral de casi 1.3 billones de pesos, dinero con el que no cuenta. De hecho, de acuerdo con su balance publicado recientemente, su patrimonio es NEGATIVO: 2.3 billones de pesos al 31 de marzo de 2020. Es decir, se puede decir que está quebrado. No de ahora, ya tiene tiempo.

El gobierno federal asumió esta realidad al hacer la reforma energética de 2013. Trató, con algún éxito, de reducir estos pasivos, hizo ingeniería financiera, pero también endeudó más a la empresa. Trató de aligerar su operación reduciendo personal, permitiendo que compartiera riesgos, que otros invirtieran, inyectándole 184 mmdp a cambio de que Pemex hiciera una reforma pensionaria. Pero la empresa seguía enfrentando muchos problemas. Su supervivencia estaba prendida con alfileres y se tenía que ganar tiempo para que las reformas dieran resultados.

En este sexenio el gobierno decidió revertir la reforma energética y dar un giro de 180 grados. Eso ha implicado inyectar cada vez más recursos fiscales a Pemex, tomándolos del resto del Presupuesto y de otros activos del Estado (o sea, de nuestros impuestos, fondos de estabilización y eventualmente de las ganancias extraordinarias del Banco de México por la devaluación del peso). Este gobierno no sólo le quitó los alfileres. De plano le colgó más carga.

¿Qué significa ello? Las inyecciones extraordinarias a Pemex serán enormes (le acaban de pasar 65 mmdp para empezar) equivalentes a un alto porcentaje del Presupuesto de la federación, quizás un 10, 15 o 20 por ciento o incluso más. Me refiero al Presupuesto aprobado de 2020 para todo el gobierno, incluyendo los tres poderes de la Unión, los órganos autónomos, la mayor parte de los egresos de los estados y municipios, todo, absolutamente todo. Sólo se quedan fuera los gastos de los estados y municipios que provienen de ingresos propios, que son menos del 10 por ciento de los presupuestos que ejercen. Esto quiere decir que los gastos de las secretarías y de todas las entidades del gobierno federal tendrán que reducirse para generar 'subejercicios' en esa cantidad, a menos que el gobierno (y Pemex) se endeude más. El esfuerzo 'recaudador' hacia dentro del gobierno ya empezó: el 'decretazo' del 23 de abril ordena reducir los gastos 75 por ciento, elimina 10 subsecretarías (sin correr a la gente), reduce la inversión de Pemex por 45 mmdp y otros ajustes más.

Pero además, la pandemia. No hay duda de que los ingresos fiscales se van a contraer con la caída del PIB de al menos 7 por ciento, y que los gastos adicionales que se han anunciado para enfrentar la pandemia (absolutamente insuficientes para enfrentar la crisis, pero enormes ante la escasez de recaudación fiscal) presionarán el déficit.

Ante la negativa de endeudarse, el gobierno mexicano está estrangulando las finanzas públicas y alargarán la recesión para convertirla en depresión. Y la debilidad de Pemex sumará, como nunca, enorme presión a las finanzas del Estado. Así, Pemex podría ser la primera ficha del dominó que caiga, y que empujaría todas las demás, proceso que está siendo acelerado por la pandemia del Covid-19.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.