Nuestra sociedad no tiene por qué estar polarizada
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Nuestra sociedad no tiene por qué estar polarizada

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Nuestra sociedad no tiene por qué estar polarizada

01/02/2018
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México, ‘campeón’ en desigualdad del ingreso.
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Es por todos conocido que México es uno de los países con más desigualdad en América Latina, y esta es la región más desigual en el mundo. Medido por el coeficiente de Gini, México no ha mejorado su distribución significativamente en los últimos veinte años. Su Gini ha disminuido de un promedio de 0.52 en los años noventa, a alrededor de O.48 en los últimos años (Gerardo Esquivel “Concentración del poder económico y político en México”, Oxfam México, 2015). Y no es que sea fácil hacer más igualitario a un país por la vía pacífica, pero ciertamente existen algunos países que sí han logrado disminuir su polarización socioeconómica.

En muchos países avanzados con sistemas de bienestar social universal, el coeficiente de Gini mejora esencialmente por el efecto de la política pública. Es decir, ante la ausencia de política pública redistributiva, o si dicha política es altamente ineficaz, los países tienden a ser altamente desiguales. Por eso una política de Estado que se plantee como objetivo desarrollar una sociedad más igualitaria, puede efectivamente lograrlo. De acuerdo con diversos estudios, uno de ellos del Banco Mundial realizado por Goñi, López y Servén, países europeos avanzados, como Reino Unido o Francia, tienen sociedades con baja polarización socioeconómica gracias a su política redistributiva, que tiende a igualar las oportunidades para todos. En esos países existen políticas de Estado que están enfocadas a evitar e incluso disminuir dicha polarización. Por ejemplo, prácticamente cualquier escuela pública (que por cierto son la mayoría) ofrece un servicio de calidad suficiente de modo que cualquier niño, en cualquier parte del país, puede acceder a una calidad escolar y de sus maestros muy semejante. Es decir, cualquier niño tiene las posibilidades de sobresalir, de destacar en su escuela y así tener mejores opciones de éxito e nivel preparatoria o universitario.

También en esos países existe el acceso a la salud de forma universal, con calidad semejante, en cualquier lugar del país. No es que haya hospitales en cada pueblo, pero sí hay clínicas con médicos y medicinas en cada pueblo y posibilidades de ir al hospital más cercano en caso necesario. Es decir, existe acceso efectivo a la salud para todos. O bien, todos tienen alguna pensión universal, de montos modestos pero suficientes para poder sobrevivir, sin importar qué empleo tuvieron ni si trabajaron en el gobierno o no. Lo mismo se puede decir de un seguro de desempleo temporal, que disminuya la penuria que significa perder el trabajo.

Con este tipo de políticas, esos países logran abatir la desigualdad y mantener a raya la polarización social, que tiende a ocurrir frecuentemente por los excesos del mercado. Hay que atajarlo.

Todas esas políticas, y otras más, pueden resumirse en una sola frase: Igualar las oportunidades para todos a lo largo del ciclo de vida de las personas (desde su gestación hasta la muerte). Y yo agregaría: igualar las oportunidades de quienes forman tanto esta como la siguiente generación. Y una política de esta naturaleza, con estas características, tiene una serie de atributos importantes:

Primero, disminuye los efectos de la desigualdad de inicio y evita que dichas desigualdades se vayan acumulando a lo largo de la vida de las personas. Es decir, a la desigualdad en los niveles de nutrición fácilmente se le agrega la desigualdad en la alimentación del niño y en la calidad de las escuelas. A esas desigualdades se acumula luego el desempeño posible de los niños y sus oportunidades para acceder a la educación media superior y superior, a tener una beca de estudios y a poder entrar a las mejores instituciones. Si existe igualdad de oportunidades en todas las etapas de la vida, este problema disminuye significativamente.

Segundo, evita la pérdida de talento y promueve una mejoría en la productividad de las personas y de la economía en general. Dado que el talento se distribuye de forma estadísticamente normal entre toda la gente, personas con talento pero que nacen en un medio adverso, de exclusión y vulnerable, no podrán llevar al máximo su potencial. Aprovechar el talento de todos lleva a un crecimiento incluyente.

Y tercero, contar con una política de igualdad de oportunidades para todos a lo largo del ciclo de vida no confronta ideológicamente. Nadie está en contra de que todos tengamos el mismo chance. Ni ricos ni pobres, siempre que no haya corrupción ni impunidad. Y partiendo de la honestidad y la rendición de cuentas, es posible entonces encontrar acuerdos entre todos para establecer y promover una política social y económica que iguale las oportunidades para todos. Y al hacerlo, con el tiempo, estaremos desarrollando una sociedad menos polarizada y más próspera, el sueño dorado que todos tenemos. Lástima que nuestros candidatos no lo estén considerando.

Twitter: @ecardenassan

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Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.